diciembre 05, 2014 - , 0 comentarios

En Hamelin no se consigue

Dispuesto a cumplir su última proeza, el flautista emprende su viaje muy lejos de Hamelin, donde lleva una vida muy pacífica. Los habitantes del lugar adonde va se encuentran muy agobiados por las enormes ratas que se han apoderado de la ciudad y hacen destrozos en la vida de los pobres ciudadanos.
Apenas llegado al centro de la ciudad, el flautista se posiciona frente al edificio donde se han atrincherado los roedores y comienza a tocar su instrumento con una dulce melodía que suena hipnótica y hasta armoniosa. Pero las ratas no salen de su guarida. Decide entonces tocar algo más ligero, menos ceremonial y con un enrevesado pasodoble, pero no hace salir a las ratas. Finalmente intenta con algo más estruendoso y alocado, una melodía violenta cuyas notas suenan como bombas de sonido enviadas directamente a los oídos, sin obtener ninguna respuesta.

Después de horas de estar tocando, agotado, el flautista decide guardar su instrumento musical y marcharse con la cabeza agacha, mirando la placa que decora al imponente edificio al mismo tiempo que piensa: “¿qué clase de ratas sordas serán las que habitan ese lugar llamado Congreso de la Nación?”.

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