diciembre 31, 2014 - , 3 comentarios

"El emperador de China" de Marco Denevi

Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. El único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver. Transcurrió un año de increíble prosperidad para el imperio. Hasta que, por fin, Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto pelado, del difunto emperador. ¿Veis? -dijo - Durante un año un muerto se sentó en el trono. Y quien realmente gobernó fui yo. Merezco ser el emperador.
El pueblo, complacido, lo sentó en el trono y luego lo mató, para que fuese tan perfecto como su predecesor y la prosperidad del imperio continuase.

3 comentarios:

Carlos de la Parra 31 dic. 2014 13:09:00

Ésto nos presenta a un pueblo como una entidad de dudosa capacidad mental.
Luego por éso dicen que los pueblos tienen los gobiernos que merecen.

Cristian German 2 ene. 2015 9:48:00

Muy de acuerdo contigo, Carlos. Gracias por tu comentario y que tengas un excelente año.

Daniel García 16 ene. 2015 16:39:00

Una historia sorprendente. Una vez más demuestras lo interesante que es tu página. Comentas anécdotas muy curiosas. Tte felicita. Un saludo.

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