noviembre 01, 2014 - , 0 comentarios

Ciento cinco o ciento seis

En la Ciudad flotante de Agarth, la de estatuas con lagartos gigantes, existía un libro en medio de una sala circular. La Sala del Destino. El sencillo manuscrito de una incierta cantidad de hojas estaba forrado en pieles blancas y rojas, y estaba iluminado por la luz de los cielos que se colaba por una obertura; cuentan los viejos una vez hubo una gran guerra entre el Unicornio Blanco y el Dragón del Abismo, una feroz batalla que duró cientos de eones y cuyo final significó el comienzo del mundo. Para sellar la paz, ambos bandos ayudaron a escribir el libro y dejaron una parte de ellos en él. Sin embargo, desde aquellos tiempos hasta ahora nadie se había aventurado a abrirlo puesto que suponía el poder del bien y el mal concentrados en una sola cosa. Era monstruoso.

Cierto día, Nemo, el Sumo Sacerdote de Agarth, ebrio de poder y cegado por la codicia, se infiltró en la Sala del Destino e intentó tomar el libro a la fuerza. Su cabeza estaba  prolijamente rasurada y había dejado solamente una línea de cabello que se asemejaba a una cresta reptil, las manos le sudaban y sus pensamientos giraban en torno a la idea de obtener el poder del bien y del mal para dominar a la decadente ciudad flotante. Tomó el libro entre sus manos y la luz del cielo se oscureció, sus piernas temblaron unos segundos pero no flaqueo. Quito el seguro de la tapa y lo abrió, temiendo lo peor. Pero nada sucedió.
Solamente una brisa gélida a sus espaldas.

Nemo intentó darle un vistazo a las hojas del pacto, pero descubrió que estaban escritas en un idioma que no entendía. Y paso una, dos, tres hojas y nada pudo descrifrar de lo que decía. Hasta que por la hoja ciento cinco o ciento seis, encontró una pequeña nota legible. Sólo cuatro palabras. “Mira detrás de ti”. El Sacerdote sonrió y volteó inocentemente al mismo momento que la hoja de una enorme espada cortaba su cuello de lado a lado y separaba su calva cabeza del resto de su cuerpo. La armadura roja y blanca del guerrero que custodiaba el libro tomó la cabeza de Nemo y la clavó a un bastón que llevaba al menos tres cabezas más de aquellos que se habían atrevido a tocar el libro.

Después volvió a meterse dentro del libro, más o menos entre la página ciento cinco o ciento seis.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Dime qué te pareció la entrada...

Se ha producido un error en este gadget.

Si te gustó, suscribite por e-mail