noviembre 24, 2014 - 0 comentarios

Capítulo XVI: La ex

Rebecca estaba en la puerta del edificio de El Pasquín esa mañana. Hacía mucho calor y ella llevaba un vestido corto muy gentil que no tapaba mucho. Su visita me sorprendió a tal punto que no la reconocí, en el tiempo que habíamos llevado de casados nunca fue capaz de acercarse hasta mi trabajo y ahora estaba ahí, mirándome fijamente. Parecía calmada, fuera de ese personaje que siempre componía de mujer histérica y odiosa.
Mi ex era un personaje digno de encontrar en una revista de historietas, una especie de mujer que tiene tantas caras como un cubo y cada una de ellas es tan déspota y aleatoria que es mejor abrazar por la noche una bomba de tiempo sin contador que aventurarse a entablar una relación con ella. Únicamente podría hacer una pareja perfecta con el médico con el que estaba, que seguro le administra la cantidad adecuada de narcóticos para mantener aplacada a la fiera que lleva en su interior.
—¡Jan! —había estado haciéndome señas desde hacía cinco minutos y yo ni siquiera me había percatado de ello— ¡Janus! Soy yo.
Yo también era yo. Rebecca nunca fue de dar respuestas muy inteligentes.
—Si es por lo del accidente, no te voy a demandar. No te preocupes —respondí sin detenerme.
—No, no es eso. ¡Espera!
—¿Qué? —me detuve en seco y la enfrenté. No pensaba callarme ante nada que me dijera.
Su actitud no parecía beligerante, podía notarlo en la energía que expedía al hablar. No parecía ser la petulante Rebecca de siempre, la que se comparaba con la hermosura y lo absoluto del universo. No era la Rebecca a la cual le habían lavado la cabeza los anyonitas.
—No vengo a pelear, Janus. Por favor.
—No tengo tiempo para Anyo tampoco.
—Dejé la iglesia.
La noticia me dejó sin palabras. Miré el suelo, después el cielo tratando de encontrar algo qué decirle, ¿qué iba a contestarle mirando al cielo? ¿“Pájaro”, “nube”? Me quedé callado unos segundos y atiné a decirle lo único que se me pasó por la cabeza.
—Felicidades.
Mi ex mujer bajó la mirada, intentando encontrar el consuelo en un pedazo del piso. Quizás. Parecía estar abatida por algún hecho en particular, pero mi corazón no se acongojó ni siquiera un segundo.
—Estoy muy apenada.
—¿Por qué?
Levantó su mirada. Sus ojos estaban llenos de lágrimas a punto de explotar en un llanto del que jamás haya tenido registro mi memoria.
—No hacemos más que hacernos daño, Janus —¿hacernos?—. Esta mañana desperté y sentí tu falta más que otros días.
—Pensé que todas las mañanas despertabas con el doctor Muerte…
—Eso se terminó, necesito otra cosa para mi vida.
Era la pesadilla más graciosa de mi vida. ¿Estaba pensando en volver conmigo? ¿Quería reconstruir un hogar que ella misma había deshecho y había intentado mantener durante años con píldoras y míorelajantes? Pero no estaba soñando ni lo que estaba intentando entender era del todo una confusión, efectivamente Rebecca estaba pidiéndome reconstruir nuestra relación. Después de haberme dejado por fracasado, después de haberse reído de mí por años y después de haberme atropellado con mi propio auto e intentar curarme en su casa por su entonces marido. ¿Entonces?
 —No es algo que necesite ahora, de verdad —fui tan fulminante como mis filtros me permitían.
Volvió a bajar la mirada y tragó saliva.
—Entiendo. Es por todo el mal que te hice.
—No lo sé. Por ahora puedo decirte que no eres algo que necesite en este momento. Quizás más adelante y si me demuestras que en realidad has cambiado, probablemente podamos intentar algo. Las cosas malas que pasaron entre nosotros no son algo que se compensen con un simple “perdón”.
—Entiendo —repitió intentando componerse— ¿dónde vas?
La conversación se había puesto incómoda. Estaba tan acostumbrado a verla como un animal que cuando trataba de ser civilizada daba más miedo que si estuviese realmente descontrolada.
—Tengo… una entrevista —mentí—. Así que voy apurado. Disculpa.
—No, está bien —me despidió con un beso en la mejilla, mojado y frío. Aquella muestra de afecto pareció forzada. Pero estaba muy lejos de serlo.

Y me alejé rápido, sin saber si estaba huyendo de ella o yendo en busca de la historia de mi vida.

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