noviembre 10, 2014 - , , 0 comentarios

Capítulo XIV: Arthürito

Arthür Van Dynam había nacido en las colonias del sur de Cristófobos muchos años antes que mis abuelos vieran la luz. Era el menor de tres hermanos. Dicen que tenía aspecto descuidado, se había criado en el campo y su piel era curtida y morena, pero mantenía el color rojizo vivo de sus ojos y dicen que sus dientes eran de plata porque había perdido los originales en una pelea con una bestia. Sin embargo, los Van Dynam no eran campesinos pobres sino todo lo contrario, hasta antes del inicio de la Caída habían amasado una gran fortuna con la venta de granos y carne bovina, la cual habían logrado adulterar para vender mayor cantidad de la más baja calidad. Con el pasar de los años, Arthürito se convirtió en la cabeza de un imperio económico al cual respondían las más altas esferas del poder; por ende, el pequeño de los Van Dynam (paradójicamente el único sobreviviente de los tres hermanos) se había convertido en la mano negra que manejaba los hilos del gobierno cuando las cosas se empezaron a poner espesas.
Mientras se cocinaba el principio del conflicto que llevó por nombre “La Caída”, Arthür conoció a Sinah Loret, que resultó ser aún más despiadada que él, hija de un general del ejército retirado con múltiples licencias para la comercialización de armas. Cuentan que era uno de los placeres de Sinah probar las armas que desarrollaba su padre con mendigos que secuestraba en la calle y que nadie reclamaría. Obviamente, el cruel trato del cual hago referencia nunca fue más que un rumor, porque si apareció alguno de esos mendigos o sus familiares, nadie lo supo. Entre disparos y banquetes suculentos, Arthür y Sinah se casaron; el poder del fuego y el del alimento unieron sus fuerzas para poner en jaque al gobierno y al pueblo, dando comienzo a una cuyas consecuencias repercutirían hasta la actualidad.


Engendraron dos hijos, Moro y Carlo. Moro fue un hombre sencillo criado en una guarida de monstruos, por lo que decidió inclinarse hacia el sacerdocio y gracias a los favores de sus padres llegó a la Pontificencia a la temprana edad de 22 años. En cambio, Carlo estaba estigmatizado con la marca de los Van Dynam, era la contracara de su hermano: promiscuo, torturador y ateo; se alistó en el ejército a los 13 años y a los 20 ya estaba al frente de un batallón. Carlo había dejado frente de batalla cuando se inició la guerra para dedicarse al negocio familiar, el cual duró unos dos o tres años.

En medio de la guerra de la Caída, los Van Dynam se hicieron famosos por instaurar la época del terror secuestrando a supuestos opositores al orden establecido, torturándolos y ejecutándolos en plazas y emplazamientos públicos a lo largo del continente. Ciento dos mil personas perecieron ante el filo de la espada del clan asesino de Cristófobos en menos de tres años. Cuando la Resistencia obtuvo las primeras victorias, el poderío del terror comenzó a tambalear y finalmente, luego de batallas perdidas, los Van Dynam fueron tomados por prisioneros y ejecutados en el cadalso de la Plaza de las Campanas, decorado con insultos y dibujos hacia la familia que murió esa misma tarde, dando por finalizada a la gran guerra y al período llamado “la Caída”.

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