noviembre 29, 2014 - , 0 comentarios

10 Curiosidades de la Literatura Universal

Navegando por la Web encontré esta nota que contiene diez de las más desopilantes, interesantes e insólitas anécdotas de las tantas que contiene la literatura universal y vengo a compartirlas con los lectores...
1. Virgilio y su mosca 
El poeta romano Virgilio se gastó una fortuna en el funeral de una mosca, su mascota. Alquiló una orquesta, pagó los servicios de las plañideras o lloronas y la mosca fue enterrada en una tumba especialmente construida. Debió haber sido amor a primera vista y un amor fugaz, ya que el promedio de vida de una mosca es de solo 15 a 25 días.
2. Víctor Hugo y la correspondencia más breve de la historia 
En 1862, el escritor francés se encontraba de vacaciones y quería saber qué tal iba la edición de su novela Los Miserables, y le escribió a su editor, Hurst & Blackett, una misiva en la que solo puso: “?”. Días más tarde recibió la respuesta, en ella se leía solo: “!”.
3. Dylan-Thomas y su complicada poesía 
El poeta autor de versos como:
“Las rosas resfriadas mueren en la destornillada tarde
del beso hierático de un adiós azul, luengo y uniforme
torpe yo que bebo abrazos de cartón.”, decía de sus poemas que no los entendía ni su propia madre. Muy cierto.
4. García Lorca y la complicada poesía de Rubén Darío 
Cuentan que Federico García Lorca, oía recitar el verso de Rubén Darío: “…que púberes canéforas te ofrendan el acanto”, el poeta español se puso de pie y dijo: “A ver, otra vez por favor, que yo solo he entendido el ‘que’ y nada más”.
5. Tolstoi y los niños de escuela 
En una ocasión, Tolstoi fue invitado por un director de escuela a visitar las clases de composición literaria y como tema propuso a los niños: ‘El mar’. Cuando terminaron, el director les invitó a leerlas. Orgullosos decían: “Las juguetonas y espumosas olas”, “la anchura insondable del mar que invitaba a la meditación” y frases similares. El director no podía contener su gozo y orgullo, hasta que una de las niñas leyó: “El mar es grande”. Ante la mirada sonrojada y cabizbaja del director, Tolstoi dijo: “Entre todas estas máquinas de recitar, esta niña ha sido la única que ha captado la verdadera esencia del mar”.
Los clarividentes6. Moritz von Arndt y la muerte 
El poeta alemán Moritz von Arndt tuvo un sueño profético a los 57 años. En él veía su tumba con una inscripción que decía: “Muerto a los noventa y un años de edad”. Años más tarde, para ser exactos, en 1860, el poeta fallecía a los 91 años.
7. M. P. Shiel y los nazis 
Un cuento de terror que resultaría una fantasía futurista publicada en 1895 por el escritor inglés, hablaba de un grupo de asesinos crueles que asolaban Europa, exterminando a los que impedían progresar a la humanidad y quemando luego sus cuerpos. El título del relato era La S.S. (The S.S.)
8. Gulliver trabajó para la NASA 
Un caso sorprendente es el de Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, escritos en 1726. En esta obra se describen con precisión los satélites de Marte: Fobos y Deimos, 150 años antes que los descubriera el astrónomo Asaph Hall. Además en la aventura que transcurre en el país de los liliputienses, estos hacen un cálculo matemático para alimentar al gigantón Gulliver. Los pequeños seres establecen que la cantidad de alimentos requeridos por un animal es proporcional a tres cuartos del peso de su cuerpo. Una ley que no fue descrita científicamente hasta el año 1932.
9. Cyrano de Bergerac y los cohetes espaciales 
El ingeniero aeroespacial alemán Wherner von Braun, confesó que para el diseño de los cohetes de tres fases utilizados por Estados Unidos en la conquista espacial, se inspiró en el ‘Viaje a la Luna’ de Cyrano de Bergerac, escrita en 1693. En ella el narigudo escritor francés también describe la gravedad 50 años antes que Newton, y la radio dos siglos antes que Marconi.
10. Julio Verne y las patentes 
A finales del siglo XIX, Verne escribió su famosa ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’, describiendo un vehículo diseñado para surcar el fondo del mar con tanto detalle que, cuando se presentaron las primeras patentes de algunos componentes de los submarinos, estas fueron denegadas porque el escritor ya las había hecho del dominio público.
Y una más…
Lester del Rey se aluscinó Nostradamús 
En 1954, el desaparecido escritor de ciencia ficción estadounidense, comenzó una novela con la frase: “La primera nave espacial aterrizó en la Luna y el comandante Armstrong salió de ella…” Quince años más tarde, esa predicción se cumplió hasta en el apellido del primer hombre que pisó nuestro satélite, aunque teóricos de las conspiraciones afirman que también eso fue pura ciencia ficción.

Fuente: http://ovejanegra.peru.com/temas-libres-10-curiosidades-literatura-universal-257502
noviembre 28, 2014 - , 0 comentarios

"La sentencia", de Wu Ch'eng-en

Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.
Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.

Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:
-¡Cayó del cielo!
Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad y observó:
-Qué raro, yo soñé que mataba a un dragón así.
noviembre 26, 2014 - , 2 comentarios

"Carta del enamorado", de Juan José Millas

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.


noviembre 24, 2014 - 0 comentarios

Capítulo XVI: La ex

Rebecca estaba en la puerta del edificio de El Pasquín esa mañana. Hacía mucho calor y ella llevaba un vestido corto muy gentil que no tapaba mucho. Su visita me sorprendió a tal punto que no la reconocí, en el tiempo que habíamos llevado de casados nunca fue capaz de acercarse hasta mi trabajo y ahora estaba ahí, mirándome fijamente. Parecía calmada, fuera de ese personaje que siempre componía de mujer histérica y odiosa.
Mi ex era un personaje digno de encontrar en una revista de historietas, una especie de mujer que tiene tantas caras como un cubo y cada una de ellas es tan déspota y aleatoria que es mejor abrazar por la noche una bomba de tiempo sin contador que aventurarse a entablar una relación con ella. Únicamente podría hacer una pareja perfecta con el médico con el que estaba, que seguro le administra la cantidad adecuada de narcóticos para mantener aplacada a la fiera que lleva en su interior.
—¡Jan! —había estado haciéndome señas desde hacía cinco minutos y yo ni siquiera me había percatado de ello— ¡Janus! Soy yo.
Yo también era yo. Rebecca nunca fue de dar respuestas muy inteligentes.
—Si es por lo del accidente, no te voy a demandar. No te preocupes —respondí sin detenerme.
—No, no es eso. ¡Espera!
—¿Qué? —me detuve en seco y la enfrenté. No pensaba callarme ante nada que me dijera.
Su actitud no parecía beligerante, podía notarlo en la energía que expedía al hablar. No parecía ser la petulante Rebecca de siempre, la que se comparaba con la hermosura y lo absoluto del universo. No era la Rebecca a la cual le habían lavado la cabeza los anyonitas.
—No vengo a pelear, Janus. Por favor.
—No tengo tiempo para Anyo tampoco.
—Dejé la iglesia.
La noticia me dejó sin palabras. Miré el suelo, después el cielo tratando de encontrar algo qué decirle, ¿qué iba a contestarle mirando al cielo? ¿“Pájaro”, “nube”? Me quedé callado unos segundos y atiné a decirle lo único que se me pasó por la cabeza.
—Felicidades.
Mi ex mujer bajó la mirada, intentando encontrar el consuelo en un pedazo del piso. Quizás. Parecía estar abatida por algún hecho en particular, pero mi corazón no se acongojó ni siquiera un segundo.
—Estoy muy apenada.
—¿Por qué?
Levantó su mirada. Sus ojos estaban llenos de lágrimas a punto de explotar en un llanto del que jamás haya tenido registro mi memoria.
—No hacemos más que hacernos daño, Janus —¿hacernos?—. Esta mañana desperté y sentí tu falta más que otros días.
—Pensé que todas las mañanas despertabas con el doctor Muerte…
—Eso se terminó, necesito otra cosa para mi vida.
Era la pesadilla más graciosa de mi vida. ¿Estaba pensando en volver conmigo? ¿Quería reconstruir un hogar que ella misma había deshecho y había intentado mantener durante años con píldoras y míorelajantes? Pero no estaba soñando ni lo que estaba intentando entender era del todo una confusión, efectivamente Rebecca estaba pidiéndome reconstruir nuestra relación. Después de haberme dejado por fracasado, después de haberse reído de mí por años y después de haberme atropellado con mi propio auto e intentar curarme en su casa por su entonces marido. ¿Entonces?
 —No es algo que necesite ahora, de verdad —fui tan fulminante como mis filtros me permitían.
Volvió a bajar la mirada y tragó saliva.
—Entiendo. Es por todo el mal que te hice.
—No lo sé. Por ahora puedo decirte que no eres algo que necesite en este momento. Quizás más adelante y si me demuestras que en realidad has cambiado, probablemente podamos intentar algo. Las cosas malas que pasaron entre nosotros no son algo que se compensen con un simple “perdón”.
—Entiendo —repitió intentando componerse— ¿dónde vas?
La conversación se había puesto incómoda. Estaba tan acostumbrado a verla como un animal que cuando trataba de ser civilizada daba más miedo que si estuviese realmente descontrolada.
—Tengo… una entrevista —mentí—. Así que voy apurado. Disculpa.
—No, está bien —me despidió con un beso en la mejilla, mojado y frío. Aquella muestra de afecto pareció forzada. Pero estaba muy lejos de serlo.

Y me alejé rápido, sin saber si estaba huyendo de ella o yendo en busca de la historia de mi vida.

noviembre 23, 2014 - , 0 comentarios

"Los amantes", Julio Cortázar

Aquí otro de los grandes relatos de Cortázar desde su voz. Que lo disfruten:


noviembre 22, 2014 - 0 comentarios

Peña de artistas en Boedo

ROBERTO ARLT

En la terraza del café "Biarritz", no en el Biarritz europeo, sino el de Boedo, funciona una peña de artistas. Peña, como se sabe, significa una roca que resiste embates, tanto que, al principio, mucha gente, al oír hablar de una peña de artistas creía que se llamaría peña porque los individuos que allí se reunían tenían un cerebro granítico o de adoquín.
Estas peñas graníticas por lo general se instalan en los sótanos de los cafés. Por ejemplo, Signo, del "Castelar", y la Peña, del "Tortoni", ambas situadas en los subsuelos de los citados establecimientos.


Lo real es que todas las peñas estaban instaladas en la Avenida de Mayo y sus proximidades, hasta que un día al autor teatral González Castillo, natural de Boedo, se le ocurrió que la muchachada proletaria de Boedo bien podía tener su local donde reunirse, hacer música, exponer cuadros, organizar revistas orales, leer conferencias, y entonces, animado de tan excelente propósito, fue a verlo al dueño del "Biarritz", el cual le dijo que no disponía de un sótano, pero sí de una terraza llena de cachivaches. Subió a la terraza González Castillo, tropezó con un galponcito de cinc repleto de trastos y el negocio quedó consumado. Había que reformar el galponcito: se llamó a un carpintero… y henos aquí ahora con una maquinaria en marcha, perfectamente lubricada y mejor montada.


Qué es la Peña de Boedo
Boedo, quiérase o no, tiene una importancia extraordinaria en el desenvolvimiento intelectual de nuestra ciudad. Tanta importancia que hace años ha originado un cisma entre los literatos: se es de Boedo o se es de Florida. Se está con los trabajadores o con los niños bien. El dilema es simple, claro, y lo entienden todos.
Boedo es el foco de la literatura clandestina, de las ediciones baratas que no pagan derechos de autor, ni de imprenta ni de venta ni de nada. En la jurisdicción de Boedo se venden muchos más libros que en toda la calle Corrientes y Florida.
Como es lógico, un barrio que absorbe tanta literatura, no podía carecer de artistas, pintores, escultores, poetas y varios matices más de aficionados a las bellas artes. Esta gente andaba semidispersa en los cafés del barrio. Cada uno tenía sus hinchas, sus amigos y sus antipatías. El mundo se encuentra construido así, y hay que tomarlo.
Pero el caso es que cuando los muchachos tenían que exponer sus pinturas u organizar un concierto, se veían obligados a recurrir a las peñas oficiales, casi siempre a la del café "Tortoni". Allí incluso se citaban.
Así marchaban los intereses artísticos del barrio hasta que González Castillo comenzó a traquetear a diestra y siniestra para organizar un refugio, y la verdad es que lo ha conseguido ampliamente.
Por su parte, el dueño del café "Biarritz" ha hecho un buen negocio cediéndole la terraza, pues el salón de madera, construido por un carpintero pesimista, resulta ya chico para contener todos los aficionados intelectuales que se reúnen allí.


Quiénes son
A la peña de Signo concurre la gente bien con inquietudes artísticas. En cambio la del "Tortoni" es frecuentada por la pequeña burguesía. Semejante clasificación no tiene otra finalidad que precisar la calidad de los elementos humanos animados de la misma inquietud de intención.
En la peña de Boedo, llamada Pacha Camac, que en idioma incaico quiere expresar "genio animador del mundo", se reúne el proletariado inteligente de la barriada.
Son obreros que leen, escriben, estudian, ensayan, y muchos de ellos, como buenos hijos de italianos, son aficionados a las artes plásticas.
Las paredes blancas del Pacha Camac, están cargadas de abundantes muestras de arte proletario, de obras de muchachos y hombres que en las horas de descanso han tomado un buril o un pincel. Así veo una cabeza tallada a mano de un cuero crudo, obra de un mozo lavador de platos cuyo nombre lamento no poder recordar, así como el de algunos escultores, pintores y aguafuertistas, que son dignos de atención. Me enseñan los cuadros de una chica vecina del café "que vive a media cuadra…"
Esto es reconfortante y hermoso.
Allí se habla de arte, se discute, se piensa… y lo que es más importante aún, el novato en los escarceos artísticos encuentra posibilidades de hacerse conocer, y, si tiene valores, de ser estimulado y ayudado a ocupar el puesto que se merece.
Los inscriptos a la Pacha Camac, aumentan diariamente. Existe un interés visible, innegable, en muchos de los habitantes de la barriada por las obras de arte, y una inquietud que afianza aún más la necesidad de reunión, intercambio de ideas y discusión.
Nosotros no soñábamos en tal éxito –me dice González Castillo.- Ahora sí que podemos pensar en organizar un teatro aquí en esta terraza, que está libre de las terribles exigencias de la taquilla. Además tenemos que organizar una biblioteca… pero ya todo está en marcha y no ha de demorar.
Me despido de González Castillo, pensando que su iniciativa debía ser imitada en todos los grandes barrios: Flores necesita una peña semejante, otra Triunvirato, Mataderos, Liniers.

En fin, hay que ser optimista.

(1932)
noviembre 19, 2014 - , 2 comentarios

"La mano", de Ramón Gómez de la Serna

El doctor Alejo murió asesinado. Indudablemente murió estrangulado. Nadie había entrado en la casa, indudablemente nadie, y aunque el doctor dormía con el balcón abierto, por higiene, era tan alto su piso que no era de suponer que por allí hubiese entrado el asesino. La policía no encontraba la pista de aquel crimen, y ya iba a abandonar el asunto, cuando la esposa y la criada del muerto acudieron despavoridas a la Jefatura. Saltando de lo alto de un armario había caído sobre la mesa, las había mirado, las había visto, y después había huido por la habitación, una mano solitaria y viva como una araña. Allí la habían dejado encerrada con llave en el cuarto.

noviembre 17, 2014 - 0 comentarios

Capítulo XV: la biografía

Un nuevo día comenzaba. Otras 24 horas que debían restársele a la vida, quizás las últimas con mi trabajo como redactor de El Pasquín. Seguramente en los próximos días abriría el diario para buscar un trabajo decente, podría escribir para alguna página online o redactar cuentos infantiles sobre las leyendas de Cristófobos. El día que Anyo tuvo su primer erección.
Después de la Caída, los familiares de criminales de guerra (con los cuales no guardaban relación directa o no estuvieron implicados en maniobras) tuvieron la opción de elegir cambiarse el apellido, como había pasado con los antepasados de Kan. Sin embargo, los Van Dynam debían borrar toda huella de su existencia y pasar a ser otra familia. Por parte de Moro, la descendencia no continuó puesto que se cree murió casto en el cadalso y sin perjuicio del apellido que portaba. No obstante ello, los descendientes de Carlo se contaron por docenas debido a la naturaleza sexualmente desinteresada del mayor torturador en la historia del continente, aunque no existen registros fidedignos del cambio de nominación y actualmente los apellidos no portan la partícula “Van”.
Tomé el directorio telefónico y busqué algún nombre que pudiera parecérsele, pero nada me sonaba. Los más parecidos eran “Ydman”, “Zynam” o “Nymad”, intentando hacer anagramas con las letras del apellido. En la Red encontré la historia de los Van Dynam y las leyendas que orbitaban alrededor de ella, hasta di con el escudo familiar que constaba de un gran grifo marino. Tenían un pasado marítimo muy poderoso que se perdió en una de las generaciones para pasar al negocio de la carne y, posteriormente, al de la muerte. Posiblemente el hombre que haya visitado al viejo Jilly era uno de los descendientes de Van Dynam, según sus palabras “tenía un aire burgués que no se ve desde los tiempos de la Caída”, pero… ¿cómo identificarlo? La Red me proporcionó otros escudos parecidos de casas prestigiosas y en ese momento solamente una llamó mi atención. El escudo en cuestión era el de la familia Zardhan que constaba de un león devorando un pez: la relación fue prácticamente instantánea.
La familia Zardhan era de alta alcurnia, de la cual destacaban eminentes psiquiatras, abogados y uno o dos políticos que no llegaron muy lejos. Actualmente el único sobreviviente de este silencioso linaje era Clemente Zardhan, un reconocido y extraño psiquiatra que tenía su consultorio en las afueras de la ciudad. ¿Sería Zardhan el común denominador entre el apagón y la muerte de Reiht? Sentía que algo no estaba encajando, faltaba una pieza, un factor, un por qué…
Terminé el café sin azúcar que me despertaba todas las mañanas y apunté la dirección del consultorio de Zardhan. Por primera vez iba a tocar la puerta de un picacocos para preguntarle su relación con una familia de homicidas políticos y con un apagón que coincidió con la muerte de un hombre. Si entraba esgrimiendo tales argumentos, me iba a condenar al chaleco de fuerza. Quizás si pedía un turno podía entablar una conversación que tuviera algo de productividad, pero en ese caso intentaría meterse en mi mente y todo se iría al diablo. Necesitaba la historia, necesitaba escribirla.

Escribir una historia… ¡eso era! Podía intentar convencerlo bajo la excusa de ser un escritor en ascenso y contar su historia y la de su estigmatizada familia. Parecía brillante la idea al principio, después la cosa podría complicarse pero no es algo que no pudiera manejar. El teléfono sonó durante tres tonos y tomó la llamada el contestador. Corté. Intenté unos minutos más tarde y me atendió una mujer —seguramente su secretaria— que me dejó en espera durante quince minutos cuando mencioné estar interesado en escribir una biografía del doctor. Durante ese cuarto de hora navegué en la Red buscando datos importantes sobre el psiquiatra, para no estar desprovisto de su obra en lo que durara la charla.
—Doctor Clemente Zardhan al habla, buenos días —la voz del hombre era fuerte y contundente, muy diferente a lo que me hubiera imaginado mirando sus fotos. Era alto y moreno, su contextura física era media, no parecía un hombre que había hecho deportes toda su vida.
Y llevaba ese aire orgulloso del que había hablado el viejo Jilly.
—Buenos días, doctor. Mi nombre es Janus Stavros. Soy escritor y estoy interesado en escribir su biografía debido a sus logros en el campo de la psiquiatría, sobre cómo influyó en usted sus incursiones en la ciencia noética y la fusión de los conceptos psiquis y espiritualidad en una misma disciplina. También me gustaría retratar todas estas metas alcanzadas desde la perspectiva de su difícil historia familiar.
 Un silencio violento se hizo presente al otro lado de la línea.
—¿Cómo sabe usted…?
—Soy bastante capaz e inteligente, doctor. Si no quiere verse involucrado, puedo cortar y dejar todo este asunto aquí. Aunque debe ser frustrante para una persona en su posición tener que andar ocultando sus orígenes por una mancha de años atrás.
Se tomó unos minutos para pensar, escuchaba su respiración agitada al otro lado del teléfono. Seguramente también sufría de asma. ¿Qué analizaba? La respuesta que debía darme era sí o no, no suponía tanto entrevero. Sin embargo, saber que alguien conocía su verdadero apellido quizás suponía un peligro aún mayor.
—De acuerdo, señor Stavros. Voy a acceder a su propuesta, pero voy a modificar los términos que me impone.
¿Términos? ¿De qué términos me estaba hablando?
—No deseo que escriba mi biografía —continuó— porque no es necesario que todo el mundo sepa cuánta cantidad de mierda desparramé a lo largo de mi vida. Tengo entendido que usted trabaja para El Pasquín.
—¿Cómo lo supo?
—Soy bastante capaz e inteligente —sentí una sonrisa complaciente en sus labios, quizás algo de lo tenebroso de los Van Dynam todavía estaba en su genética—. Tengo una historia para usted, señor Stavros. Una historia que va a revolucionar su forma de pensar y de concebir el universo. No se acerca ni por un instante a cualquier cosa que haya imaginado.
Se me hizo un nudo en la garganta en el instante, las manos me comenzaron a sudar y sufrí un repentino ataque de ansiedad que controlé respirando profundamente lejos del tubo.
—De acuerdo —dije mientras secaba el sudor de mi frente—. Entonces cambiamos la biografía por su historia.

—Venga a verme mañana y le aseguro que no va a ser solamente mi historia.
noviembre 16, 2014 - , 0 comentarios

"El plagio nuestro de cada día"

A continuación transcribo el contenido del artículo escrito por el periodista Vicente Battista y publicado en el Suplemento Literario de la Agencia Télam de Argentina, el cual me pareció muy interesante y completo.

Se podrá decir que las palabras no tienen dueño, y es cierto, pero cuando el acumulado de esas palabras constituyen un poema o un cuento o una novela o cualquier otra manifestación literaria, pasan a ser propiedad del autor. Por consiguiente, desde el mismo momento en que copiamos textualmente un fragmento o la totalidad de esa obra, nos convertimos en plagiario, es decir, en sujetos trapaceros y engañosos: exponemos como propio lo que es ajeno.
Hablo de palabras, no de ideas, temas e incluso personajes.
A Edipo lo encontraremos en páginas de Esquilo y de Sófocles, a Fausto en una rica lista de grandes autores. Un tal Alonso Fernández de Avellaneda en 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha publicó Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, un libro que, tal como su título anunciaba, se disponía a continuar con las peripecias de los personajes creados por Cervantes. Hasta hoy no se sabe a ciencia cierta quién fue Alonso Fernández de Avellaneda, pero aunque se hubiese conocido su identidad no habría sido juzgado: no había cometido un acto de plagio, se había apoderado de un personaje ajeno al que, con sus propias palabras, le daba nueva vida.
Esta costumbre se mantiene hasta hoy. Sherlock Holmes, Sandokan, Tarzán pueden dar fe de ello, siguen deleitando a los lectores con nuevas acciones, aunque sus creadores hace muchos años que han muerto. Hace pocas semanas John Banville, bajo su heterónomo Benjamin Black, publicó La rubia de ojos negros, una nueva aventura de Philip Marlowe, el incomparable detective creado por Raymond Chandler. Joe Gores es un autor estadounidense especialista en policiales: varias novelas, un centenar de cuentos y numerosos guiones de series de TV, Colombo, Kojak y Remington Stelee, dan prueba de ello.
En 1975, Gores publicó “Hammett”, una novela más tarde llevada al cine, que aquí apareció en la colección El Séptimo Círculo bajo el nombre de “Al estilo Hammett”. La novela tiene como personaje al célebre escritor, hace mención de algunos de sus textos, pero de ningún modo se acerca a la categoría de plagio.
El plagio es otra cosa. Es, por ejemplo, lo que hizo Gustavo Almard, aquel escritor francés que en 1867 publicó “La Mas-Horca”, una novela en la que graciosamente incorporó las cuatro primeras partes de “Amalia”, de José Mármol. Cuando descubrieron su triquiñuela, Almard no negó el acto, aunque alegó que “Amalia” sólo había sido su fuente de inspiración.
También en Francia, pero hace pocos días, otra supuesta fuente de inspiración fue sospechada de plagio. En su “Sobre el plagio”, editado por el Fondo de Cultura Económica, Héléne Maurel-Indart cuenta la curiosa diatriba que sostuvieron dos escritoras amigas: Camille Laurens y Marie Darrieussecq. En 1995 Camille Laurens publicó “Phillipe”, un libro autobiográfico en el que narra la muerte de su hijo recién nacido. Doce años después, Marie Darrieussecq publicó “Tom ha muerto”, una novela que tiene como tema central la muerte de un hijo que acaba de nacer. Camille Laurens acusó a Marie Darrieussecq de haberle plagiado el dolor. A pesar de las lágrimas, el asunto no tuvo suficiente peso como para iniciar una demanda, aunque ambas autoras reconocieron que el hecho incrementó la venta de ambos libros.

 En el año 1933 se promulgó la Ley 11723 que sostiene que “la edición, venta o reproducción de una obra suprimiendo o cambiando el nombre del autor, el título de la misma o alterando dolosamente  su texto”, es considerado plagio, el artículo 72 de esa Ley proclama que quien lo cometiera puede recibir penas de un mes a seis años de cárcel. Si bien por estas calles se han cometido destacados plagios, ni uno solo de sus ejecutantes sufrió pena de cárcel, aunque dio cierta pena el modo en que lo justificaron y se defendieron. En 1997 Daniel Omar Azetti obtuvo el Premio Literario del diario “La Nación” con su cuento “La ilusión que se escurre”. Aún no se habían apagado los ecos del festejo, cuando alguien reparó que el relato premiado era una copia textual del cuento de Giovanni Papini “El espejo que huye”. Azetti no se inmutó,  habló de intertextualidad, “no es un plagio —dijo— es una construcción intertextual” y agregó que se trataba de una suerte de homenaje al escritor italiano, al que él admiraba desmedidamente.

Una idéntica admiración, aunque algo más calma, habrá sentido Sergio Di Nucci por Carmen Laforet: en su novela “Bolivia Construcciones”, primer premio en el concurso de “La Nación-Sudamericana” de 2006, incluyó treinta páginas de “Nada”, novela de la escritora catalana. En esta ocasión, Di Nucci no habló de intertextualidad sino “de la reescritura como un principio constructivo de la novela, que por algo se llama ‘Bolivia Construcciones’”. Ni Daniel Omar Azetti ni Sergio Di Nucci lograron convencer a sus jueces: no conocieron la humedad de la cárcel, pero les quitaron los premios que habían obtenido.
Sospecho que algún defensor del plagio podría argüir que en los tres evangelios sinópticos, Mateo plagió a Marcos, y Lucas plagió a Mateo y a Marcos. Sin embargo, no sirve como argumento: se trata de textos canónicos que, para la gente de fe, escapan al tribunal de los hombres y se rigen exclusivamente por el derecho divino.

noviembre 14, 2014 - 0 comentarios

Absolutismo

Desde tiempos de la monarquía se erigía la estatua más grande emplazada frente a la Catedral Mayor de Agarth, la ciudad de los dragones. Aquella estatua, que fue la única que sobrevivió durante cientos y cientos de años hasta los días de la República, era la figura de Mnemoth “el Justo”, el más déspota, cruel y sanguinario rey de todos los tiempos. ¿Y por qué lo llamaban “el Justo” si era tan ruin? Simple, era el mandatario y las cosas debían hacerse como él deseaba. 
noviembre 13, 2014 - 0 comentarios

Retratando en sangre...

Después de que pasaran los días de lluvia volvió el calor, y luego por las dudas un poco más de lluvia... Pero a esta altura ya somos todos una masa de humedad acalorada resignada a no saber como salir vestidos a la calle, así que simplemente me resigne a pasar los días en mi sillón leyendo, abriendo y cerrando la ventana dependiendo de como iba el clima.

Como les dije me dedique a mi querido Katzenbach, que últimamente me venía defraudando bastante con textos largos y monótonos, debo admitir que comencé el libro con pocas esperanzas, ya casi rendida a que me aburra infinitamente... pero me sorprendió; no desde el principio, pero luego de un par de capítulos me encontré interesada por leer cada vez un poco más. Gracias a Dios! necesitaba esa sensación! Hace ya bastante que realmente no me atrapa un libro, ojo, no porque no haya leído o encontrado algunos buenos, sino también porque mi mente no se dejaba llevar a causa de momentos personales.

Me encontré pensando en Anna, protagonista de la primera parte, mientras estaba en la fila del mercadito chino esperando a que me cobren, me saco una sonrisa, no la situación de la pobre chica ni la china que me cobraba, sino el darme cuenta que se había plantado en mi la semillita de la curiosidad. Tiene un protagonista invita a la duda, del cual no sabemos nada ni tenemos idea cual es el plan, mezcla experiencias anteriores con episodios antiguos y lo único que creemos que sabemos pronto se desvanece.
Todavía me queda por leer y le tengo mucha fe!

A mi novio no le gusta Katzenbach, no puedo creer como alguien puede aburrirse con un libro como El Psicoanalista, pero bueno, acá es cuando tengo que tener la mente abierta y aceptar las opiniones.

Me caso en 15 días, así que no se cuánto tiempo pueda realmente dedicar a divagar con la mente entre las páginas, espero que sea bastante así desconecto un poco la presión de que todo salga perfecto y del simple hecho de que me voy a casar!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! :S


noviembre 11, 2014 - , 0 comentarios

"Un sueño", de Jorge Luis Borges

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular... El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.


noviembre 10, 2014 - , , 0 comentarios

Capítulo XIV: Arthürito

Arthür Van Dynam había nacido en las colonias del sur de Cristófobos muchos años antes que mis abuelos vieran la luz. Era el menor de tres hermanos. Dicen que tenía aspecto descuidado, se había criado en el campo y su piel era curtida y morena, pero mantenía el color rojizo vivo de sus ojos y dicen que sus dientes eran de plata porque había perdido los originales en una pelea con una bestia. Sin embargo, los Van Dynam no eran campesinos pobres sino todo lo contrario, hasta antes del inicio de la Caída habían amasado una gran fortuna con la venta de granos y carne bovina, la cual habían logrado adulterar para vender mayor cantidad de la más baja calidad. Con el pasar de los años, Arthürito se convirtió en la cabeza de un imperio económico al cual respondían las más altas esferas del poder; por ende, el pequeño de los Van Dynam (paradójicamente el único sobreviviente de los tres hermanos) se había convertido en la mano negra que manejaba los hilos del gobierno cuando las cosas se empezaron a poner espesas.
Mientras se cocinaba el principio del conflicto que llevó por nombre “La Caída”, Arthür conoció a Sinah Loret, que resultó ser aún más despiadada que él, hija de un general del ejército retirado con múltiples licencias para la comercialización de armas. Cuentan que era uno de los placeres de Sinah probar las armas que desarrollaba su padre con mendigos que secuestraba en la calle y que nadie reclamaría. Obviamente, el cruel trato del cual hago referencia nunca fue más que un rumor, porque si apareció alguno de esos mendigos o sus familiares, nadie lo supo. Entre disparos y banquetes suculentos, Arthür y Sinah se casaron; el poder del fuego y el del alimento unieron sus fuerzas para poner en jaque al gobierno y al pueblo, dando comienzo a una cuyas consecuencias repercutirían hasta la actualidad.


Engendraron dos hijos, Moro y Carlo. Moro fue un hombre sencillo criado en una guarida de monstruos, por lo que decidió inclinarse hacia el sacerdocio y gracias a los favores de sus padres llegó a la Pontificencia a la temprana edad de 22 años. En cambio, Carlo estaba estigmatizado con la marca de los Van Dynam, era la contracara de su hermano: promiscuo, torturador y ateo; se alistó en el ejército a los 13 años y a los 20 ya estaba al frente de un batallón. Carlo había dejado frente de batalla cuando se inició la guerra para dedicarse al negocio familiar, el cual duró unos dos o tres años.

En medio de la guerra de la Caída, los Van Dynam se hicieron famosos por instaurar la época del terror secuestrando a supuestos opositores al orden establecido, torturándolos y ejecutándolos en plazas y emplazamientos públicos a lo largo del continente. Ciento dos mil personas perecieron ante el filo de la espada del clan asesino de Cristófobos en menos de tres años. Cuando la Resistencia obtuvo las primeras victorias, el poderío del terror comenzó a tambalear y finalmente, luego de batallas perdidas, los Van Dynam fueron tomados por prisioneros y ejecutados en el cadalso de la Plaza de las Campanas, decorado con insultos y dibujos hacia la familia que murió esa misma tarde, dando por finalizada a la gran guerra y al período llamado “la Caída”.
noviembre 09, 2014 - 0 comentarios

"Me caigo y me levanto", de Julio Cortázar.


Don Julio nos regala desde la irrepetible cadencia de su voz, este poema tan lleno de sensaciones como de sentimientos. 
noviembre 08, 2014 - , , 0 comentarios

El primer vampiro

Un día como hoy, pero del año 1847, nacía Abraham Stoker, más precisamente conocido como Bram Stoker, creador del archi-famoso vampiro "Drácula", obra construida a base de cartas y documentos apócrifos. Quizás muchos sepan de este personaje lo mismo que todos los autores que se encargaron de explotar la imagen de los vampiros en la última década: poco y casi nada. Sin embargo, no es el objeto de este artículo nombrar ni criticar las cientos de obras, películas y series televisivas que se originaron a partir de la aparición del más famoso conde, simplemente se trata de rendirle un homenaje a su creador con un extracto de su libro. Que lo disfruten.

"La hermosa joven se arrodilló y se inclinó sobre mí, con maligna satisfacción. Había en ella una voluptuosidad deliberada que era a la vez excitante y repulsiva, y al arquear el cuello llegó a lamerse los labios como un animal, hasta que pude ver a la luz de la luna la humedad que brillaba en los labios escarlatas y en la roja lengua con la que se lamía los dientes rojos y aguzados. Su cabeza descendía cada vez más... cerré los ojos en éxtasis y esperé.
(...)
No hay duda de que existen los vampiros; algunos de nosotros tenemos evidencias de ello. Incluso, aunque no tuvieramos una prueba en nuestra propia y desdichada experiencia, las informaciones y los datos del pasado aportan pruebas suficientes. Admito que al principio fui escéptico. Si no hubiera sido porque a través de largos años me he entrenado para tener una mentalidad abierta, no habría creído hasta que llegó el momento en que los hechos golpeaban en mi oído: "¡Míralo! ¡Míralo! Lo probamos, lo estamos probando". Sin embargo, si hubiera sabido al principio lo que sé ahora --si al menos lo hubiera sospechado---, una vida preciosa para todos los que la queríamos no se hubiera perdido. Pero ya no tiene remedio y ahora debemos trabajar para que no perezcan otras almas, que podamos salvar.
El nosferatu no muere como la abeja que ha punzado una vez. Sólo se hace más fuerte, y, por serlo, tiene aún más poder para el mal. El vampiro que está entre nosotros tiene como persona más fuerza que veinte hombres; su astucia es muy superior a la de los mortales, porque es una astucia que va creciendo con los siglos; tiene la ayuda de la nigromancia que es, como implica la etimología de la palabra, la adivinación por la muerte, y todos los muertos a los que pueda acercarse están a sus órdenes; es una bestia, más que una bestia; de una crueldad demoniaca y carece de corazón; puede, sin limitaciones, aparecer a su voluntad donde y cuando quiera, y en cualquiera de las formas que elija. Puede, en su área de acción, dirigir los elementos: la tormenta, la niebla, el trueno; tiene poder sobre las cosas más repugnantes: la rata, la lechuza y el murciélago, la polilla y el zorro, y el lobo; puede crecer o reducir su tamaño y puede, en ocasiones, desvanescerse y aparecer sin ser visto.
Entonces, ¿cómo podríamos comenzar nuestra lucha para destruirle? ¿Cómo podemos descubrir dónde está, y, si lo encontramos, cómo destruirle?
Queridos amigos, la empresa que vamos a emprender es demasiado terrible y puede traer consecuencias que harían temblar al más valiente. Porque si perdemos en nuestro empeño, significa que, ha ganado él, y , entonces, ¿qué final nos espera?
¡La vida no es tan importante para mí y no me importa perderla! Pero el fracaso no es sólo un asunto de vida o muerte. Sino que nos volveríamos como él; que nos convertiríamos en seres horribles de la noche, como él, sin corazón ni consciencia, haciendo presa en los cuerpos y en las almas de aquellos a los que más queremos. Se nos cerrarían para siempre las puertas del cielo, porque ¿quién nos las iba a abrir de nuevo? Seguiríamos siendo aborrecidos por todos, como una mancha en el brillo del rostro de Dios; una flecha clavada en el costado de Él que murió por el hombre. Pero estamos frente a frente con nuestro deber, ¿podemos en este caso abandonar? Por mi parte, digo que no, pero soy viejo, y la vida, con su sol, sus lugares agradables, con el canto de los pájaros, la música y el amor, ha quedado un poco atrás. Pero vosotros sois jóvenes. Algunos habeís visto grandes penas, pero todavía quedan días hermosos en vuestro futuro.
"
noviembre 07, 2014 - 0 comentarios

Cuatro consejos de Isaac Asimov para escribir ciencia ficción

1) Responsabilidad. Usted tiene que prepararse para una carrera de escritor exitoso de ciencia ficción de la misma manera que lo haría para cualquier otra profesión altamente especializada. De manera que para llegar a ser un escritor de ciencia ficción no basta con conocer la lengua, también hay que saber de ciencia. Puede que usted no quiera hacer mucho uso de la ciencia en sus historias, pero de todas maneras tendrá que conocerla, para que lo que utilice esté bien utilizado y, por supuesto, tiene que estar dispuesto a estudiar ciencia por su cuenta, si su educación formal fue débil en ese aspecto.
2) EjercitarseEl acto de escribir es en sí mismo parte de la preparación. Pero tampoco podrá entender completamente lo que hacen los buenos escritores hasta que no lo haya intentado usted mismo.
3) Ser pacienteComo escribir es en sí mismo un modo de aprender, no piense que va a poder vender la primera historia que escriba. Si cada historia que usted escribe es un paso más en su educación literaria, no importa que las editoriales la rechacen. La próxima historia será mejor, y la otra todavía mejor, y eventualmente...
4) Ser razonable. Escribir es una de las tareas más maravillosas y satisfactorias que existen en el mundo, pero tiene unos pocos defectos insignificantes. Por ejemplo: que un escritor no puede casi nunca ganarse la vida con ella.

     ¡Ah sí! Algunos escritores ganan mucho dinero; son aquellos cuyos nombres todos conocemos. Pero por cada escritor que gana a montones, hay miles que tiemblan cuando llega la cuenta del alquiler. No debería ser así, pero es.

          Así que, mientras trata de convertirse en escritor, cerciórese de que tiene otro medio de ganarse la vida decentemente; y no abandone ese trabajo hasta que haya vendido su primer texto. 


Isaac Asimov (1920 - 1992) fue un escritor y bioquímico de origen ruso, nacionalizado estadounidense, conocido por ser un prolífico autor de obras de ciencia ficción, historia y divulgación científica.
La obra más famosa de Asimov es la Saga de la Fundación, también conocida como Trilogía o Ciclo de Trántor, que forma parte de la serie del Imperio Galáctico y que más tarde combinó con su otra gran serie sobre los robots. También escribió obras de misterio y fantasía, así como una gran cantidad de textos de no ficción. En total, firmó más de 500 volúmenes y unas 9000 cartas o postales. Sus trabajos han sido publicados en 9 de las 10 categorías del Sistema Dewey de clasificación.



Fuente: http://dreamers.com/manuscritos/docs/manuales/manual039.htm
noviembre 06, 2014 - 1 comentarios

La columna de Robertina

Puedo decir que me siento muy gratificada al poseer este espacio en el blog de una persona que me inspira tanto día a día. Puede que mi columna les interese o no, pero sinceramente me alegra la semana escribirla y pasar tiempo meditando sobre mis propios pensamientos.
Para aquel que le intrigue puedo contarle que soy Licenciada en Letras, con una gran predilección por la literatura inglesa. No voy a hacer de esto una clase pero sí me sentiré libre de expresar y compartir gustos y opiniones.

Estos días de lluvia nos encontraron con mucho tiempo libre, tanto de llegar al punto de ya no saber ni que hacer en internet, mire infinidad de series incluso algunas con temporadas anteriores, limpie, cocine, volví a limpiar, volví a cocinar pero la lluvia seguía y mis pasatiempos se iban agotando...

Mientras mi novio se nutría de Los Simpson yo opte por sentarme y finalmente comenzar con este espacio, no crean que no me doy cuenta que todavía no dije nada interesante pero no me parece hablar de nada especifico cuando recién es una presentación.

Esta vez será cortita, dedicaré mi semana a un libro de Katzenbach, y nos leemos el próximo jueves.

El que tenga ganas puede darse una vuelta por http://vroffz.tumblr.com/ donde no encontraran nada específico pero un poco de todo.

Nos vemos!

Robertina.
noviembre 05, 2014 - 0 comentarios

Hablando de Venganza...

Hoy me desperté y vi que era 5 de noviembre y recordé unas cortas líneas en inglés de una película que vi hace un tiempo, la cual me gustó mucho. Creo que decía algo como:
Remember, remember! 
    The fifth of November, 
    The Gunpowder treason and plot;

 La película en cuestión era "V de Venganza" (o simplemente "V", los títulos cambian de acuerdo al país) y habla de un justiciero que se encarga de mostrarle la libertad a los ciudadanos de un mundo dominado por una dictadura orwelliana. Sin embargo, las rimas que mencioné más arriba pertenecen a un poema folclórico inglés del que apenas se menciona algo al principio de la película. La Historia dice que el 5 de noviembre de 1605 se frustró la denominada conspiración de la pólvora, en la que un grupo de católicos con Guy Fawkes a la cabeza atacaron el Parlamento inglés. A Fawkes no le fue tan bien ya que en enero del año siguiente fue encontrado culpable y sentenciado a ser descuartizado, sus restos fueron esparcidos por el reino como amenaza a quienes osaran seguir su ejemplo.
En conmemoriación a este suceso es que todos los 5 de noviembre se celebra "la Noche de Guy Fawkes" donde cientos de fuegos artificiales iluminan la noche británica.

Y a ustedes, ¿qué suceso histórico les llama la atención?  ¡Espero sus comentarios!

noviembre 03, 2014 - , , 0 comentarios

Capítulo XIII: el bar de los fumadores

Kan encendió un cigarrillo mientras revolvía el café con parsimonia, esa paciencia con la que el león espera a que su presa esté relajada para poder degustar la tierna carne de su victima. Lo encontré parapetado en la barra del bar que estaba a unas cuantas calles de la redacción, un lugar cerrado donde habitaba una gran nube gris que nacía a la altura del pecho. Lo llamábamos el bar de los fumadores. Yo había pasado una o dos veces por la puerta y trataba de evitarlo cruzándome de vereda porque el humo que salía de ese lugar era tan nocivo para mi asma que podría matarme. Pero ese día Kan no quiso atender mis llamadas para decirle que me esperara afuera del bar. Entonces tuve que entrar.
Apretaba con fuerza el inhalador que estaba en el bolsillo de mi pantalón, el ambiente estaba un poco menos denso que de costumbre pero de cualquier manera afectaba mi endeble salud. Aquel era un bar de pendencieros, gente que cada tanto encontraban las excusas necesarias para terminar a los puñetazos limpios en medio de un juego pacifico, dardos clavados en partes gentiles y palos o botellazos en las cabezas rapadas de los pandilleros de turno. Ahí estaba Kan, Ministro del Gobierno, en medio de gañanes y embaucadores, de violentos y mal atendidos, en medio de vagos, borrachos y adictos. Seguía sin satisfacerme la relación que había entablado con un tipo tan contradictorio como él, que me veía acercarme despacio para no tragarme todo el humo de repente.


—No me digas que nunca entraste a este lugar.
—En realidad…
—¡Es genial! —exclamó mientras extendía su mano y tomaba una botella de un liquido ámbar que vertía dentro de su taza— Aunque el ambiente no es de lo mas saludable, pero estoy acostumbrado. Siente ese olor —olisqueó levemente, marcando sus aletas nasales— … esto es el suburbio, Jan. Esto es calor humano, gente en su estado natural peleando como primates por quién sabe qué cosa. Es fantástico.
—Soy asmático, Kan —remarqué con fastidio—. Por algo no pude ser capitán del equipo de fútbol en la secundaria, puesto que supiste aprovechar. ¿Recuerdas?
—Sí, creo que sí.
Manteniendo el humo en su boca, tomó de un sorbo el café y su cuerpo se estremeció por el efecto caliente y refrescante del alcohol. Secó sus labios y volvió al cigarro, sosteniendo la mirada fuerte y desafiante, vidriosa. Tenía un extraño color rojizo. ¿Acaso era consumidor? No. No había notado el temblequeo en sus manos ni los tics característicos, pero podía ser un consumidor reciente.
—No te veo muy bien —dijo después de darme un leve vistazo—. Estoy seguro que el golpe que te dio tu mujer con la kooba no habrá sido muy divertido, tienes un aspecto terrible.
—¿Cómo…?
—¿Cómo lo sé? ¡Janus Stavros! Mi pequeño discípulo, no voy a dejar todo en las manos de un periodista y dormir tranquilo. Tengo ojos por todos lados, oídos en las paredes. No soy el Ministro por nada, querido. ¿Necesitas que justifique el día en tu trabajo?
¿Justificar? ¡No! Con lo que había hecho ya me bastaba. Pedí un café, no podía tomar alcohol a las 11 a.m. y me lo bebí amargo. Sentí el calor bajando por mi garganta, en el preciso instante en que el humo se mezclaba con el sabor de los granos y me provocó un acceso de tos que casi me obliga a tomar el inhalador. Respiré. Mis ojos expulsaron dos lágrimas que no tarde en secar.
—Tengo lo que me pediste.
—Era hora. ¿Pudiste averiguar quiénes eran los antiguos ocupantes de la casa de Jilly?
—Sí —metió su mano en el bolsillo interior de su saco y extrajo un papelito color rosado—. Después de cobrarme uno o dos favores (de cientos que todavía me deben) la oficina de catastro dio con unos registros. Arrojaron este nombre. Arthür… —se acercó con los ojos entrecerrados porque no lo llegaba a leer con claridad— Van Dynam.
—¿Van Dynam? ¿No era la familia de locos que asesinaron a toda esa gente que protestaba contra los tiranos antes de la Caída?
Kan asintió y me entregó el papel mientras mostraba una amplia sonrisa de satisfacción.
—El clan Van Dynam —suspiró—. Ahora nos vendría bien gente así en el gobierno, dispuesta a pisar las cabezas de los insurrectos. Pero bueno, quiso el Destino que fueran enjuiciados y ejecutados en el cadalso.
—¿El de la Bahía?
—No. El que estaba en la Plaza de las Campanas. Esa horca se construyó exclusivamente para los Van Dynam.
Le di un golpe al inhalador y pensé mis próximas palabras. Debía redondear el tema, presentarle mis preguntas e irme de ese lugar antes de morir, porque si alguien se encontraba de gravedad en un bar de marginados lo más probable era encontrar la muerte, ya que las ambulancias y los socorristas no se aventuraban a salvar a nadie en un lugar así.
—Entonces, Jilly obtuvo la casa porque los Van Dynam no la volvieron a habitar. El Estado tomó posesión del terreno y lo adjudicó al pobre viejo. ¿No? Quiere decir que o bien el viejo me mintió o el tipo que alquiló el sótano le mintió al viejo.
—O quizás no mintió. Nunca olvides que los criminales de la Caída sobrevivieron a costa de cambiar su identidad. Su apellido. Recuerda a mi abuelo.
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