mayo 22, 2014 - , 4 comentarios

Capítulo VI: la Masacre Naranja.

“Un renacer Naranja”

Por Janus Stavros


A las ocho de la mañana de aquel día, arribamos a la costa de la Isla Canaria junto con mi equipo de enviados especiales para “El Pasquín” después de haber transitado las novecientas leguas marítimas que nos separaban de nuestra ciudad. Nos embarcamos en una balsa hasta las playas debido a que la isla es solamente una construcción artificial en medio de lo más profundo del mar de Lyt.
Ni bien pusimos un pie en tierra, fuimos recibidos por la vocera oficial de “Caniles” (el equivalente a nuestro Ministerio de Guerra, Relaciones Exteriores y Diplomáticas), una chica más joven que yo, de cabellos rojos como el fuego sagrado, que se presentó bajo el nombre de Asalah. Sin apellido. Sin pasado. A su lado, una oriunda de la zona muy parecida a un manto negro movía la cola sin vacilar.
Asalah nos hizo una visita guiada por las playas de Canaria, donde me explicó las causas conocidas de su existencia en una zona tan alejada. Para quienes desconozcan la historia, Isla Canaria es el resultado de una fatalidad acaecida hace casi más de cinco años en la llamada “Masacre Naranja”, cuando un grupo de activistas a favor de los derechos de los perros (que, coincidentemente, vestían remeras naranja) vieron truncas sus vidas a manos de autoridades alrededor del planeta. La muerte de por lo menos 1.500 seres entre humanos y animales, conmocionó a la comunidad mundial y, de manera casi viral, se produjeron levantamientos contra los gobiernos de todos los países. La solución llegó cuando se creó una Comisión Internacional Contra el Maltrato Animal (CICMA) y se propuso indemnizar a las familias de las víctimas de la masacre. Dispusieron, además, que se creara un espacio artificial y se destinara ese lugar al bienestar y la comodidad de los perros, proveyéndoles de por vida el sustento necesario para que no se volviera a cometer aquel error.
 Así mismo, la CICMA prohibió —bajo pena de intervención jurisdiccional— el maltrato de cualquier animal y el traslado de todos los perros del continente de Læntheria a la Isla Canaria, donde se les daría asilo y atención veterinaria de por vida. Los seres humanos de diversas naciones pusieron sus profesiones al servicio de las necesidades de la isla, construyendo casas, trazando calles, diseñando museos y todo cuanto precisaran los canes. Más tarde se organizó políticamente al nuevo Estado Canario, y muchas personas se apuntaron como voluntarios a condición de dejar su vida en el continente. Tomaron como iniciativa vestir con remeras o divisas de color naranja en honor a los caídos en su lucha y dejaron bien en claro que su vida estaría destinada a la beneficencia hacia estos cuadrúpedos tan amigables.

“Actualmente ―nos cuenta Asalah―, nuestra población asciende a 700.000 perros, según el último censo llevado a cabo hace dos años”.
Caminar por las calles de Canaria es un placer que no se puede apreciar en ninguna otra parte del mundo, los arquitectos han diseñado casas y complejos habitacionales poniendo todo su empeño. Las comodidades con las que cuentan dan envidia humana. Canaria es la primera nación sin cárceles, puesto que los perros de carácter bravo son puestos en aislamiento para su reeducación e inserción social, pero sin restringirle su libertad.
“Los perros no nacen malvados, es la sociedad que tanto los azotó y usó como entretenimiento morboso la que hizo que su temperamento sea de ese modo. Nosotros intentamos unir los lazos que nos separan de ellos puesto que, al fin y al cabo, somos dos clases distintas de la misma animalidad”.
El recorrido por la zona céntrica de la Isla muestra edificios de escasa altura y espaciosos, apto para personas y animales que sufren vértigo y claustrofobia. Los habitantes de este país cuentan con todo tipo de actividades recreativas, más de cinco mil parques y plazas y, además, cines, hospitales, iglesias, tiendas de ropa y cualquier cosa que necesiten los humanos para su propia existencia. Estos últimos reciben una pensión vitalicia de 10.000 læns por ciclo para cubrir sus necesidades y prosperar en la isla.
“Existen muchos voluntarios que desempeñan diferentes tareas, por ejemplo hay doctores, actores, escritores, editores, etc. Todos abocados al beneplácito de los perros y, también, del resto de los habitantes de la isla. Somos una simbiosis casi perfecta”.
Asalah nos advierte que nuestro viaje concluye ahí, hemos visto cientos de animales contentos y cuidados, bien alimentados y entretenidos, con un techo debajo del cual dormir todas las noches, protegidos del viento y de las maldades de los humanos. Sin embargo, nos indica que existe una disposición de la CICMA que veda a los medios de comunicación de los continentes ingresar en los edificios gubernamentales y ella, como vocera del ministerio de guerra, debe cumplirla a rajatablas. El estatuto de la Isla Canaria es uno de los secretos mejor guardados, allí se especifica no sólo la composición de su Gabinete y las directivas a seguir, sino también las finanzas con las que se maneja el país, el estado de salud de todos los perros y los ingresos que se hacen ya que, según se cree, existen “agentes” naranja infiltrados en otros países del mundo velando por la seguridad de los pocos perros que quedan en el mundo y fueron escondidos de las autoridades cuando se decretó que era ilegal para los humanos tenerlos con ellos.
Nos resta pensar qué claro ejemplo de vida brindan estos héroes anónimos que se esfuerzan día a día por brindarles el confort y la atención que estos animales siempre desearon de sus dueños. Nos queda pensar por qué si en este lugar que sus habitantes no saben hablar no existen cárceles y sí las hay en nuestra sociedad. Nos resta pensar que la “Masacre Naranja” fue beneficiosa para ellos y no para nosotros, porque nos hace pensar que pueden acallar nuestras peleas dándonos muerte. Por mi parte, me quedaré unos días más en esta maravillosa isla, durmiendo rodeado de estos gratificantes seres cálidos que no supimos cuidar como sociedad. Yo lo lamento, pero hoy lo disfruto.
La Unicidad, el Gobierno Confederado de los continentes, había depositado su fe en que la constitución del Estado canario supondría inevitablemente un paño frío a los problemas que empezaba a plantear la conformación de la entidad supranacional que regía desde hacía unos 125 años. La Guerra de Independencia había dado frutos indiscutibles, pero el desgaste de su política empezaba a demostrar fisuras que claramente dejé plasmadas en aquel artículo. Solamente era el comienzo.

Y entre sueños de victorias pasadas, el sueño me arrulló, hasta las primeras horas del alba.

4 comentarios:

VRoffz 22 may. 2014 12:48:00

Esta vez no solo habla de mi, o de nuestra historia, sino de algo que llevo dentro de una lucha que parece nunca terminar, y de una concientización que intento llevar por la vida.. el solo hecho de saber que tu visión cambio, que ya no son lo que eran antes, que empezaste a ver seres sitientes en lugar de simples perros ya me llena el alma, porque uno puede intentar cambiar el mundo pero se empieza de a uno. Le abriste tu corazon y tu casa a una perra vieja, de la calle y malhumorada.. y sos testigo cada dia del amor y agradecimiento que nos da.. vivis las consecuencias del maltrato al ver que no le gustan los pies ni el fuego.. y nos preguntamos con miedo por qué?
Es un relato este que me llena de amor y me hincha el corazón, más allá de q esta bien escrito sino xq transmite que entendiste.. la causa la lucha y la pasión.. de q no estoy loca y que de estarlo no soy la única. Gracias por usar todo eso y por inspirarte en ello.. te amo tanto..

Cristian German 22 may. 2014 12:51:00

Gracias amor, por tanto y tantas ideas :*

Unknown 22 may. 2014 19:27:00

Cristián, maravilloso cuento y gracias por valorizar nuestra lucha por esos seres de 4 patas. Ojalá no sea necesario ninguna masacre para que cambiemos el trato a los animales.

Cristian German 22 may. 2014 19:35:00

Muchas gracias por tiempo y tu valoración!

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