mayo 12, 2014 - , 1 comentarios

Capítulo IV: Golpe bajo

—Entonces te divorciaste —todavía podía escuchar cómo bajaba la cerveza por la garganta de Kan mientras sus ojos brillaban de alegría.
Habíamos llegado a un bar céntrico donde nos reuníamos con frecuencia antes que mi ex mujer decidiera que mis antiguos amigos eran una mala influencia para mí. A nadie de los allí presentes pareció importarle que un periodista y un Ministro estuvieran viendo un show de nudistas.
—Me estoy divorciando, sí —respondí mirando de reojo a una chica de cabellos negros.
—Me imagino cómo debe estar la muy altanera… ¿Se llamaba Selena?
—Rebecca.
—Ah, sí… Rebecca. ¡Me imagino cómo debe estar! Lamentándose por los rincones porque te perdió y nunca te valoró —puso un pedazo de jamón dentro su boca.
No me animé a decirle que no estaba muy arrepentida de lo que había hecho y que se estaba quedando con la mitad de mi vida. La mitad útil. Pero necesitaba mirar al futuro, saber si podía encontrar algo que fuera la chispa para una gran inspiración. Tomé otro trago de cerveza y me quedé en silencio, no me animaba a pedirle algo a Kan después de tanto tiempo sin tener contacto con él.
—No viniste a hablar de ella, ¿no? —la mirada que le dediqué fue tal que pudo haber leído hasta mis intenciones más escondidas— Janus, siempre fuiste tan predecible. Si no estuviera metido en el gobierno, no sé qué podrías venir a pedirme…
—Kan, yo… —estaba tan nervioso que no podía disimularlo.
La carcajada que soltó fue estridente y sincera. Me palmeó la espalda, bebió el contenido de su vaso y se limpió con la manga de la camisa azul. Movió la cabeza en señal de aprobación y me miró con complicidad.
—No has cambiado en nada, Jan. Siempre tímido y temerario al mismo tiempo. Me gusta esa actitud, aunque pudiera ser un poco peligrosa en exceso —no le respondí—. Bien, entonces quieres saber sobre la muerte de Reiht.
—Dime todo lo que sepas.
Kan pidió otra botella de cerveza y se recostó sobre el sillón. El bar estaba lleno de gente, las chicas bailaban con poca ropa por unos pocos læns (moneda oficial) y las luces eran tan tenues que nadie podría reconocernos allí dentro. Hacía tanto tiempo que no salía que aquello parecía ser una nueva experiencia. Sin embargo, había conocido aquellos placeres durante muchos años antes de casarme.
La chica de cabellos dorados bailó durante cinco minutos más, mientras Kan ponía otro billete en su ropa interior. Después se enderezó y la despachó, dejándonos a solas para conversar del tema.
—Lo que tenemos no es mucho —continuó—. En realidad, es nada. La Unidad de Homicidios revisó el lugar y no encontró nada. Mañana a primera hora le van a practicar una autopsia para intentar identificar las causas de su muerte, pero suponemos que fue una muerte natural.
—¿A su edad? —se me puso la piel de gallina, Reiht era casi tan viejo como yo y la posibilidad de una enfermedad mortal que atacara a esa edad me acercaba más a la tanatofobia.
—La autopsia podrá confirmarnos si nos estamos manejando con hipótesis o con una verdad absoluta. Su desconocido círculo familiar y amistoso dificulta mucho más saber si estaba enfermo de algo. Lo extraño de que haya aparecido muerto es que quizás tenga conexión con el gran apagón que hubo, del que seguro estarás escribiendo algo.
—Algo —le contesté desanimado—. Roberto mandó que siguiera cubriendo el tema mientras toda la edición va a ser dedicada a la muerte de este tipo. Y, sinceramente, no sé si será un tema de Seguridad Nacional, pero no encuentro ni una pista del incidente. Y si tuviera alguna conexión con la muerte de…
—¡Exacto! —me interrumpió con su vozarrón intempestivo— Si tuviera una conexión, ¿serías capaz de sacarla a la luz?
En ese momento me asaltaron las dudas, quizás era el efecto del alcohol lo que me inhibía, pero sabía que era un tipo retraído, que no me costaba echarme para atrás si algo se ponía espeso. Pero, sobre todas las cosas, me habían atacado las dudas cuando me di cuenta por qué mis fuentes no se habían puesto en contacto conmigo, había algo en mi pasado (fuera de mi mujer) que me condenaba al anonimato.
—Quieres que haga el trabajo sucio —me aventuré a decirle.
—Una mano lava a la otra, Jan. Y, que yo recuerde, tus fuentes no consiguen ni una pizca de información desde aquello de la masacre. ¿Recuerdas?
La jugada fue osada. Golpe bajo. Kan se había atrevido a juzgar mi pasado cuando ni siquiera yo juzgaba sus sucias maneras de castigar a los criminales. Ahora pretendía que investigara para él, mientras se dedicaba a hacer sabe quién qué cosa. Si bien era cierto lo que decía, no era manera de utilizarlo como chantaje para que pudiera hacer trabajo extra, el mío y el suyo. Pero como me encontraba sin salida, tuve que acceder a ser chantajeado a regañadientes para limpiar mi “buen” nombre.
—¿Qué es lo que tienes?
—Solamente la punta del ovillo. Calle 7, entre el Círculo 16 y 17. Es una casa de aspecto descuidado, no será difícil que la olvides. Pregunta por el viejo Jilly, seguramente te va a atender y se hará el tonto para que no lo interrogues. Según me dijeron le tiene miedo a las autoridades, así que dile que vas de parte del Ministerio… calculo que con eso tendrá más que suficiente para soltar la lengua. Pregúntale sobre su sótano, es algo que me llegó extraoficialmente. Necesitamos nombres, Jan. Esto puede ser grande para los dos.
Sin mediar una palabra más, me puse de pie y le di 20 læns para pagar lo que había consumido. Él rechazó el dinero y me estrechó la mano contra mi voluntad.
—Por cierto —agregó—, ¿has vuelto a la isla?

Tomé mi abrigo y me fui sin responderle.

1 comentarios:

Un ermitaño por excelencia 12 may. 2014 13:48:00

El suspenso me consume, una historia bien desarrollada como siempre, terreno fangoso para Janus, ya veremos el desenlace, lo espero ansioso.
Un abrazo desde Honduras

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