marzo 11, 2014 - 0 comentarios

El largo beso de la Muerte


“Emborrachado del éxtasis infernal nacido de lo más íntimo y lo más bajo de sus entrañas de niña enigmática, pérfida e interesada, cayó cerca de la calle, fuera del templo donde sus cuerpos se habían fundido en un alud ignífugo e intermitente, plagado de insensateces y de un adiós que fue más suyo que de ella. El hielo de sus pensamientos quizás ya quemaba con su hiel interminable su conciencia de pecaminoso animal rastrero; la ruta más fácil de tomar era la huida sin despedida, aunque ganase lo mismo que diciéndole que lo suyo era indebido o que no había sido disfrutado, cuando en realidad todo su cuerpo fue un vasto campo en el cual cumplió su promesa inicial de tomarlo páramo por páramo.
Entonces fue cuando el vacío quiso presentarse ante él y, por primera vez, pudo rechazarlo (…)”


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