enero 06, 2014 - , 0 comentarios

Una historia más... (octubre 2007)


Si estuviera menos paranoico, quizás hoy seguirías aquí. Me tocó correr la peor de las suertes, teniendo en cuenta que esta sumatoria de sueños amputados y de recordatorios agnaticios era una gutural coincidencia por parte de ambos. Te pido al menos una noche más para que perdones todas mis faltas, para que aunque sea reconsideres lo profundo que se escondía mi cariño por ti. Porque no quise jamás que esto terminara así, pero...

La vida es un camino en círculos, podría haberlo entendido si por lo menos no hubiese coincidencias como haberte encontrado tres veces en mi vida. Quizás haya creído más en cosas con lógicas explicaciones que inevitablemente pensar en un ocaso a tu lado. Esta es sólo otra historia de amor. A mí me tocó la peor parte. No sé por qué todo comienza allá: en la niñez. Debería haberlo olvidado, prometo hacerlo.

Caminabas por delante de mí aquella mañana de verano que apenas destella mi memoria en su carcomiente misterio y sinrazón. No habría peor maldición que verte a los ojos, medusa de mi corazón, que en el eterno malestar de mis sentimientos creaste un monstruo que sólo tú podrías alimentar con eso que no me dabas. Así empezó el más doloroso de los juegos, de pequeños y de crédulos.

¿Por qué no me diste ese beso que tanto deseaste así el juego de niños terminaba allí? O por qué no te lo di yo, así nos ahorrábamos engorrosos trámites. Y quizás con eso ya me eximía de tener que pensar en ti el día que no te vi más, el día en que decidí irme y olvidarme que esa musa creó todo eso en mí. Todo esto que también capituló.

No hace mucho tiempo, desaparecer significaba ausentarse de la vida. Lo que hubo después de ti en mi niñez no fue algo diferente a ello. Por suerte una especie de habilidad nacida de una necesidad psicológica de imaginarme siempre tu héroe a la distancia me poseyó como un demonio arrastrándose con sus brazos quebrados hasta encontrarme. Su poder me dio las fuerzas para contar innumerable cantidad de historias de locura y de muerte. Las de amor preferiría olvidarlas porque allí el mal de tus ojos me acechaba. En los sueños inventé un mundo perfecto en el que tu nombre era el fin de los días: después de intensas lluvias aparecía el “arco armagedón”. Y pude sobrevivir sin eso que me habías quitado, que parecía haber sido todo mi ser pero era mi corazón, yo no lo sabía. Qué imbécil.


Pero años más tarde volví por ella, después de tantos años atardeceres con distintas mujeres, después de cócteles para engañar a mi mente, de historias contadas parecidas a las mías, de personajes parecidos a todos ellos y a nosotros. Volví al lugar donde crecí para crecer otro poco, aunque no definitivamente. Porque tantos años después, luego de caminos recorridos, luego de tanto tiempo invertido en estudiarte y de descubrirte como nunca te había visto. Volví ciertamente esa tarde de julio que me besó por primera vez, cuando tuve la sensación que comenzaba una gran historia que, por cierto, terminó siendo esta. La más triste de todas.

(Continuará...)

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