enero 21, 2014 - , 0 comentarios

Cuarto día



Las ráfagas de viento y agua no se hicieron esperar. El poder de las olas rojas y la marea en ascenso me hicieron estremecer los músculos, me faltaba la respiración y estuve tan desesperado que creí morir en ese preciso instante. Y es que uno anhela morir hasta que su vida se encuentra en peligro, es entonces cuando estúpidamente lucha por su supervivencia sin siquiera meditarlo.

De pronto, la claridad de la mañana se volvió tan negra como el destino que me esperaba mar adentro. Los clamores de las aguas se callaron y, por primera vez, temí lo peor. El viento suspiraba algo que me resultó incomprensible al principio y las velas de mi balsa se volvieron locas y crujieron y lloraron de dolor. Al fin, encaramado en una ola, pude ver que los bordes de la tierra se habían borrado y que parecía estar navegando en la oscuridad del universo, sin estrellas, aguardando quizás la visita de un Leviatán cósmico que, en lugar de su cola, mordiera mi cabeza.

El genio de la maldad sin razones; rey de los mares de los desesperados, de los incomprendidos y de los postergados, tomaba cualquier forma que le placiera —seguramente los marineros de recuerdos saben de todas estas leyendas y mitos—, mas me era desconocido e irreal que mis huesos dieran por fin con alguno de estos cuentos de hadas. La serpiente de mar, más avezada que yo en el tema náutico, nadaba en la profundidad del mar y me miraba con ojos dulces pues sabía que la presa sería inevitablemente.

Más tarde…
La tormenta se ha extendido más tiempo de lo habitual, sospecho que el dueño de estos páramos marítimos es quien controla los vientos y el temporal que azota mi navío. Sin embargo, no me ha dejado caer en el mar: quizás no quiera comerme. Todavía. No falta mucho para que el día llegue a su fin y aun estoy sorprendido de haber sobrevivido tanto teniendo al rey de los mares, el protector del océano al que decidí llamar mi “Estigia”, buceando en círculos alrededor de mi balsa.

De pronto, las aguas se sintieron calmas, el cielo empezó a clarear y el temporal cesó. Parecía que me alejaba de los crueles dominios de la bestia inaudita que casi hace terminar mi cruel aventura. 

No obstante ello, mientras el cansancio del ajetreado día de luchas me hacía depositar la cabeza y conciliar un sueño forzoso, escuché un ruido de algo que salía del agua a mis espaldas y se movía en direcciones insólitas alrededor de la balsa.

Algo sobrevolaba la superficie del Estigia.


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