diciembre 28, 2013 - 0 comentarios

Consciencia Reptil

¿Dónde estábamos? Vaya uno a saber. Quizas si existiera una Consciencia Superior con forma humana, jamás nos habríamos cruzado: dos almas cansadas de un fracaso con distinto nombre y motivo. Pero un día te encontré y no supe que eras hasta que lo hiciste. Eres.

Había sido todo perfecto, porque era el final. Esa consciencia "superior" con forma reptil había decidido que la raza humana era inútil ya para sus fines. Quizás habían decidido otra manera de conseguir su alimento o, posiblemente, alguna ingenua raza nueva creía sus mentiras y robaba su energía. Decidieron que era el fin... Yo lo sabía. Te amaba tanto. Te amo tanto.

Vivíamos cerca de la montaña, una afección severa me aquejaba y contra tu voluntad decidiste mudarte conmigo, aunque no compartias la mayoria de mis pensamientos. Saber versus creer, ¿recuerdas? Aquel dia de sol las sirenas sonaron muy fuerte, yo supe que no era local. Subimos colina arriba cuando los rayos ultravioleta estaban en su punto máxime (de otra manera no podría haber sido). A las 12, hora del meridiano, activaron esa máquina infernal que habían desarrollado durante eones y unas líneas blancas aparecieron en el horizonte, líneas zigzagueantes que daban saltos de quince kilometros y chocaban contra la tierra para volver a impulsarse hacia el cielo. Marcaban los patrones para lo que vendría después. Lo sabía. Sabía que sucedería.

Tomé tu mano y la apretaste con fuerza, quizás lo intuías.
-Vamos a morir -dijiste.
-Seremos libres -susurre-. Al lado tuyo la muerte es un juego del que me río. Mañana nos levantaremos con nuestras miserables vidas, más acá o más allá. ¡Qué importa! Nos vamos a volver a encontrar y vas a recordar este apretón de manos. No me juzgues si tardo mucho en llegar, no me odies si soy imperfecto, no me lastimes si cargo con un karma insoportable. Te voy a amar hasta que mi alma se desintegre, hasta que me torturen por lo que pienso... No pienso olvidarte, mi alma a punto de dejar este vehículo lo sabe.

Me abrazaste con fuerza y pude ver cómo las líneas marcaban los fragmentos en los que la tierra se partiría. Los mares se perdieron en el interior del núcleo del planeta y todo fue tragado por el cataclismo. No escuché los gritos y lamentos de quienes dejaban el plano físico, solamente recuerdo que en el negro de la transición escuchaba tu corazón latir contra mi pecho.

Cuando desperté, dormías a mi lado. Respire aliviado y te abracé pensando en si aquello había sido solamente un sueño...

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