mayo 28, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (7 - Curvas asesinas)


Si algo hice mal, lo siento…
Nuevamente traje la peste desde el otro mundo que una vez se perdió por culpa de un imbécil como yo que la trajo, a su vez, de otro viejo y ya extinto mundo. Ahora me tocaba lamentar mi débil conciencia, mi condición patética de ser humano capaz de sentir, aún a sabiendas de la guerra en la que estaba metido. Mi nuevo tesoro, helo allí.
Fuera de toda bendición o maldición…
Siguiendo la inclemente llama que estaba a punto de inflamar sus labios de muñeca invisible a los ojos de Dios o del demonio, me encarné en la profunda bruma de la ceguera. No entendí de sus mentiras, de sus fantasiosas palabras, de sus lujuriosos besos que no me permitían entrar en su cama. Yo, como un imbécil, pensaba que era mía.
De mi actuar no me arrepiento…
Algo se agotaría algún día: quizás sus eternas ganas de pelearme hasta que yo decline en algún bando, o quizás hasta que mi humano corazón se desgastase por la fricción de las interminables pasantes. ¿De qué me hubiese servido suicidarme? Mañana en mi cama como todos los condenados días de mi vida despertaría.
Ni tampoco de esta nueva educación…
Tan perfectos a la hora de enviarme sus mortales armas de curvas envidiables, pero tan poco inocentes al pensar que un humano no aprende de los golpes propiciados. Ellos, batalla tras batalla, me regalaban una nueva cita con el futuro, con la predicción de los hechos y con el infalible manejo de las situaciones que se repitieran.


Continuará…   

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