mayo 21, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (6 - El guerrero)



Desenvainé otra vez mi corazón...
Solamente me restaba una necrópolis infinita y bien armada. Acaso me preguntaba cuál era el destino, por qué habiendo tantas interminables cosas por hacer de sus vidas esos demonios llegaron a la mía exclusivamente a destruirla con deseos incurables y fuegos inextinguibles. Primero hay que soportar la herida, luego el tiempo logra cerrarla.
Busqué buen escondite para mi espada…
Nada le daría tan buena excusa a cada ataque suyo. El trabajo sucio de ambos bandos ya estaba por cansarme sin demasiadas canciones por susurrarme cada ángel infeliz que sobre mi espada se posaba para cargarlo. Colgaría quizás el cartel de “se vende” y me iría, pero ante tantas calificaciones indebidas me restaba decir: ¿Adónde irme?
Luchando y falto de razón…
Las consecuencias perdidas aún soslayaban toda percepción inútil de un incierto futuro. Todas las certezas que me quedaban por esgrimir en este triste tintero no tenían sino aspecto de equivocaciones mudas. Silencios interminables yacían muertos por el camino al fin de la ruta. Pero quién peor que otro demonio más para saber qué tan vivo estoy.
Se acercaba la hora de la retirada…
Y en el momento más inoportuno del cielo azul teñido de sangre empezarán a caer pedazos de infelices trota mundistas meteoritos apuntando a mi errática, eterna, persona, ente o fortuito trozo de carne con una vida condenada. A toda guerra presenté mi corazón como elemento de batalla. Cada una de estas cicatrices representan una manera distinta de aprender y de ser mejor.

Continuará…   

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