mayo 07, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (3 - Rubia debilidad)


Todo ser humano tiene su debilidad...
Era imposible saber cuál de esas musas fue mi musa. El oprobio de comenzar una guerra contra mí sin siquiera saberlo fue tan devastador como los primeros resultados. Ella, quizá la sobrina de una actriz, podría haber sido la hija de Venus, si acaso yo no la hubiese idolatrado tanto. Sin embargo, el primer ángel-demonio me vio así: tan humano y tan frágil ante sus encantos.
Creí que nada podía ponerme en jaque…
Del pretérito al cual me refiero es incalculable e irreprochable, del pecado al que me remito es casi también incontestable e ínfimo. Sentí que sus ojos habían caído sobre este cuerpo de manera tan despectiva como cuando el cielo y el infierno caían sobre mí. Era, al final de cuentas, el sentimiento de gritar el escozor que me propendían sus terribles luceros de serafín.
Ella fue mi primer rubia vulnerabilidad…
Su lanza estaba aquí, atravesando este pecho irreverente. Y como con saña resultaba simpático a sus juegos darle vueltas en mi interior, mientras yo gozaba el veneno de sus punzantes palabras. Aquel cuervo alpino, esa farsa que monté contra mí mismo, todo al fin se volvía contra su creador. Ese no era otro más que yo, el culpable de todos los tiempos.
Y debía ahogarme en el eterno estanque…
Pensé que si me quedaba sería peor, por eso me movilicé hasta olvidarla. Lástima que todos los días la vería al amanecer, lástima que mis detractores notaron esa debilidad y lástima que la volverían a traer ante mí otras veces más. Era sólo un principio, irme no cambiaba nada, porque no me estaba yendo, sólo volvía adónde ellos querían que fuese con mi malhadado ser.

Continuará…

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