mayo 28, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (7 - Curvas asesinas)


Si algo hice mal, lo siento…
Nuevamente traje la peste desde el otro mundo que una vez se perdió por culpa de un imbécil como yo que la trajo, a su vez, de otro viejo y ya extinto mundo. Ahora me tocaba lamentar mi débil conciencia, mi condición patética de ser humano capaz de sentir, aún a sabiendas de la guerra en la que estaba metido. Mi nuevo tesoro, helo allí.
Fuera de toda bendición o maldición…
Siguiendo la inclemente llama que estaba a punto de inflamar sus labios de muñeca invisible a los ojos de Dios o del demonio, me encarné en la profunda bruma de la ceguera. No entendí de sus mentiras, de sus fantasiosas palabras, de sus lujuriosos besos que no me permitían entrar en su cama. Yo, como un imbécil, pensaba que era mía.
De mi actuar no me arrepiento…
Algo se agotaría algún día: quizás sus eternas ganas de pelearme hasta que yo decline en algún bando, o quizás hasta que mi humano corazón se desgastase por la fricción de las interminables pasantes. ¿De qué me hubiese servido suicidarme? Mañana en mi cama como todos los condenados días de mi vida despertaría.
Ni tampoco de esta nueva educación…
Tan perfectos a la hora de enviarme sus mortales armas de curvas envidiables, pero tan poco inocentes al pensar que un humano no aprende de los golpes propiciados. Ellos, batalla tras batalla, me regalaban una nueva cita con el futuro, con la predicción de los hechos y con el infalible manejo de las situaciones que se repitieran.


Continuará…   
mayo 27, 2013 - 0 comentarios

El perro


Siempre creí en lo imposible. Quizá no tanto en lo posible, no en lo eterno, en lo que a los demás sólo les da una satisfacción del tipo personal y “espiritual”. Algo a lo que mucha gente alude como especial y lleno de valor.
Ese perro se había llevado mis ojos, esa visión la había perdido en algún lugar, hasta quizá la pude haber perdido en compañía de una mujer, alguna de esas que jugaban en esta ruleta rusa de deseos. Aquel can custodiaba la puerta de entrada al hogar, cual cerbero que se valía de un solo miembro cefálico y que con sus dos ojos cubría la significativa falta de sus otras cabezas. Sin embargo, ladrón truhán de mi mirada, un casual insubordinado a mis demandas, el animal no llevaba otro nombre que el suyo propio, y al heredarlo no lo bauticé por desprecio y porque en sus pupilas un brillo encendía con pavoroso odio cada vez que mis labios perjuraban un apodo diferente para dirigirme a él, quizá una diatriba, quizá un insulto.
Y, aunque dentro de sus propios problemas caninos de falta de aseo o de encontrar un lugar decente donde echarse, el animal me analizaba como si alguna actitud freaudeana encarnara en él. El perfecto adivino conocía mis pecados, sabía de mis conversaciones y de mis odios, pero (para muchos que no creen) resultaba imposible tener fe que algún día diría algo. Con frecuencia, imaginaba charlar con él.
Lo pensaba infernal: como la tormentosa noche que llegó a mi vida, cuando ella dejó mi templo de lo imposible y se fugó al misterio del más allá, creyendo en un delirium trémens que la muerte es el fin último de toda una vida. Ese perro había dejado de confiar en mí, sus causas naturales lo obligaban a verme como el intruso que invadía su armonioso territorio, otro usurpador que había precipitado la huida de su ama. Tal vez me estaba acechando para, en el momento de dormitar, abalanzarse sobre mi cuello y despedazarlo con sus filosos dientes.
Ambos éramos lo que restaba de ella o de su recuerdo. Y, en parte, mantuvimos el litigio por años. Envejecimos juntos, planeando día y noche entre constantes fracasos la muerte de un por parte del otro. Ambos animales sin razón, ninguno dirimía el designio: serle más fiel a un recuerdo por imposible que ello fuera. Ya casi ninguno dormía por miedo al otro, dos bestias con aparente razón tratando de eliminarse por miedo al latrocinio, al robo de algo tan poco usual como un sentimiento. Y el resto de los días fueron así.
Cerbero, como lo llamaba para desprestigiarlo, murió durmiendo la misma noche en que se conmemoraba un aniversario más de la huida de su dueña. Hasta quizás mi dueñas. El maldito perro se marchó al infierno de cuidar la puerta de entrada, se fue con mis ojos, con mis visiones, mis miedos por morir en su hocico. Se llevó el recuerdo de ella y consigo todo lo que me había quitado con la mirada, la confesión de mis pecados.
Se llevó mi juventud.
Me encontré viejo. Inútil. Con un agujero en medio del pecho por haber desperdiciado mi vida frente a una bestia con menos razón que yo, maldiciéndolo, porque él ganó. Se fue con la gloria (propia) de morir el mismo día en que ella se fue.
Y en la senda de lo que siempre creí imposible, confieso haber perdido la razón por su culpa.
Ya mi purgatorio se repite, pues viejo y poco sabio sé que aquí, en mi soledad, todo seguirá igual. Cuando creí en lo imposible que se podría tornar que yo mismo fuese aquel perro, no me equivocaba. El castigo, calculo ya, es la reencarnación progresiva y dolorosa, ya que como amante no fui buen hombre y como ser fiel no fui buen perro. Ese que había muerto era yo; sin embargo, el peso de los vicios de mi carne permanecerían sobre este maltrecho cuerpo hasta el regreso: donde ella ya no me esperaría.

¿Imposible? Quizás.
mayo 21, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (6 - El guerrero)



Desenvainé otra vez mi corazón...
Solamente me restaba una necrópolis infinita y bien armada. Acaso me preguntaba cuál era el destino, por qué habiendo tantas interminables cosas por hacer de sus vidas esos demonios llegaron a la mía exclusivamente a destruirla con deseos incurables y fuegos inextinguibles. Primero hay que soportar la herida, luego el tiempo logra cerrarla.
Busqué buen escondite para mi espada…
Nada le daría tan buena excusa a cada ataque suyo. El trabajo sucio de ambos bandos ya estaba por cansarme sin demasiadas canciones por susurrarme cada ángel infeliz que sobre mi espada se posaba para cargarlo. Colgaría quizás el cartel de “se vende” y me iría, pero ante tantas calificaciones indebidas me restaba decir: ¿Adónde irme?
Luchando y falto de razón…
Las consecuencias perdidas aún soslayaban toda percepción inútil de un incierto futuro. Todas las certezas que me quedaban por esgrimir en este triste tintero no tenían sino aspecto de equivocaciones mudas. Silencios interminables yacían muertos por el camino al fin de la ruta. Pero quién peor que otro demonio más para saber qué tan vivo estoy.
Se acercaba la hora de la retirada…
Y en el momento más inoportuno del cielo azul teñido de sangre empezarán a caer pedazos de infelices trota mundistas meteoritos apuntando a mi errática, eterna, persona, ente o fortuito trozo de carne con una vida condenada. A toda guerra presenté mi corazón como elemento de batalla. Cada una de estas cicatrices representan una manera distinta de aprender y de ser mejor.

Continuará…   
mayo 15, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (5 - La disputa)



Mi memoria lastimada se ennegrecía…
Solamente rencores de terceras posiciones ante mí. Nunca quise preguntarme por qué después de tener el trabajo de hacerme sufrir, todos los demonios-ángeles decaían, quizás también se sentían infelices y tomaban la forma de mortales personas que volvían y volvían a mi vida. Con esto no digo que no aproveché en devolverles los favores, porque el rencor es humano.
No recuerdo haberle dicho a nadie “adiós”…
Llovían sentimientos, los restos insulsos de mi piel y de mi corazón regaba la faz de la tierra cada cien años. El tiempo, maldita daga que se me hundió en la existencia. Nadie simuló piedad. Pero alguien tuvo algo parecido a piedad, a esa instancia llegaré más adelante. Si yo supiera cuándo alguien se va a ir definitivamente, lo despediría… Pero eso sería tiempo después de odiarlo.
Otro así, seguramente, no existía…
La caída, era sustancialmente eterna, etérea como algunos ojos que quizá docenas de veces vi. Cada beso, una extremaunción, cada mirada era el sacrificio material. ¿De qué me serviría acaso crucificarme contra esa pantomima de alguien que no tenía la más mínima intención de liberarme sino de ponerme al borde de una decisión condenatoria?
A este plato principal lo querían el Diablo y Dios…
Me escapé de mi mismo, pero lamentablemente me encontré. Poco tiempo tardé en delatar a mi ubicación, cuando lo que se venía no era otra cosa que el peor contraataque. El modus operandi era perfecto, casi loable. Otra fortaleza no tendría menos debilidades que este patético ser, tan librado al azar. Preferiría quemarme antes de ver ese sol otra vez.

Continuará…
mayo 14, 2013 - 0 comentarios

Osculamini



Dame un beso,
deja que se convierta esta ocasión
en nuestro Chernobyl de pasión
en esta noche de narices frías
tus manos unidas a las mías
con mi boca en tu suave cuello
olvidaremos todo, todo aquello.

Dame un beso,
que se congele esperándonos el infierno
que se quemen los ángeles en el Averno
haz que no nos afecte ninguna guerra
y se enteren de esto todos en la Tierra
quiero hacer un camino a lo largo de tu piel
estallar extasiado por tus labios sabor a miel.

Dame un beso,
¿qué estás esperando acaso?
¿qué se nos escape el ocaso?
quiero ser la fuente sin arco
dejar de ser tu insulso charco
deseo saber quién fue tan cobarde
de abandonar ese cuerpo que tanto arde.

Dame un beso,
olvidemos por completo que somos nada
dejemos atrás pecados de vidas pasadas
seamos  hoy dos desconocidos cualquiera
buscando por unos instantes quien lo quiera
aunque seas la única demonia en la que me incinere
y aunque, muy a mi pesar, tu mente ni me considere.
mayo 13, 2013 - 0 comentarios

Al partir



Antes que me vaya quiero que sepas algo. O más bien que me digas algo. Quiero saber por qué cierto tipo de personas, como tú, prefieren jugar a tener dos caras distintas, ocultando la más perversa detrás de la más bella y tierna.
Cuando te conocí no pensé que jamás llegaríamos a este extremo de terminar de la peor manera. ¿En qué momento de mi vida te cambiaron? ¿En qué momento dejaste de ser la persona que conocí? ¿Por qué razón estuviste tan empeñada en dejar de ser ese ser maravilloso del que me enamoré para transformarte en ese tan insipiente que cual serpiente de cascabel muda de piel?
Tal vez mi error sea pagado con las lágrimas de sangre que mis ojos lloran ahora, por estos pedazos de carne que me he arrancado, por la razón que he perdido intentando comprender qué fatal error cometí en haberte querido, en haberte dado mi vida... Pero no lo entendí e intenté quedarme a tu lado esperando que cambies y en realidad quien debía cambiar era yo. Tuve que resignarme a pensar que la gente común cambia y otros solamente pasan de blanco a negro. Algunos, en cambio, como yo, confían en que el cambio no es bueno si sumamos algo malo a nuestras vidas.
Espero que aquella persona hermosa que fuiste una vez sea feliz donde sea que se haya ido; sin embargo, yo no lo seré jamás con esta que hoy ha venido a deshonrar mi a**r. Siento que hoy te esté tratando como una extraña, pero no se me permite sufrir por alguien que desconozco. No hay honor en ello. Y la vida continúa hasta que no me dé más el corazón y hasta que te des cuenta algún día, estés donde estés, que a pesar de haber sido una piedra en mi camino, seguí. Y fui feliz, aun después de ti.
mayo 07, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (3 - Rubia debilidad)


Todo ser humano tiene su debilidad...
Era imposible saber cuál de esas musas fue mi musa. El oprobio de comenzar una guerra contra mí sin siquiera saberlo fue tan devastador como los primeros resultados. Ella, quizá la sobrina de una actriz, podría haber sido la hija de Venus, si acaso yo no la hubiese idolatrado tanto. Sin embargo, el primer ángel-demonio me vio así: tan humano y tan frágil ante sus encantos.
Creí que nada podía ponerme en jaque…
Del pretérito al cual me refiero es incalculable e irreprochable, del pecado al que me remito es casi también incontestable e ínfimo. Sentí que sus ojos habían caído sobre este cuerpo de manera tan despectiva como cuando el cielo y el infierno caían sobre mí. Era, al final de cuentas, el sentimiento de gritar el escozor que me propendían sus terribles luceros de serafín.
Ella fue mi primer rubia vulnerabilidad…
Su lanza estaba aquí, atravesando este pecho irreverente. Y como con saña resultaba simpático a sus juegos darle vueltas en mi interior, mientras yo gozaba el veneno de sus punzantes palabras. Aquel cuervo alpino, esa farsa que monté contra mí mismo, todo al fin se volvía contra su creador. Ese no era otro más que yo, el culpable de todos los tiempos.
Y debía ahogarme en el eterno estanque…
Pensé que si me quedaba sería peor, por eso me movilicé hasta olvidarla. Lástima que todos los días la vería al amanecer, lástima que mis detractores notaron esa debilidad y lástima que la volverían a traer ante mí otras veces más. Era sólo un principio, irme no cambiaba nada, porque no me estaba yendo, sólo volvía adónde ellos querían que fuese con mi malhadado ser.

Continuará…
mayo 06, 2013 - 0 comentarios

Un poco de veneno para Romeo


Traté de no seguir jugando con la flama que irradiaban sus carnosos labios de mujer. O de niña. O de un objeto de culto tan secreto y oculto como pudimos haberlo hecho posible.
Traté tan siquiera de dejarme atraer por la juguetona propuesta de su largo cabello negro o su carácter tan poco convencional. No sabía nada de ella, pero un presentimiento matutino me decía que en el fondo de aquella mirada ardía la llama de un fuego jamás extinto y muy atizado.
Yo, por mi parte, ya había dejado de creer en cuentos de hadas o en los Montesco, y me adecuaba al pensamiento sustancial y materialista del resto del mundo. No por generalizar los conceptos, ni tampoco por meter a todo el mundo “en la misma bolsa”, sino por el simple hecho de no tolerar la marcha del mundo y sus vicios de hipocresía.
Juro que no busqué que aquello pasara.
Juro que no recuerdo en qué momento comenzó a gestarse. Sin embargo, puedo jurar que sí tenía ganas de probar del fuego de sus labios, aún siendo eso el peor de los pecados o el más bajo delito. Necesitaba de ese dulce escozor para darle una motivación a mi vida. Para no seguir pensando en el mundo y en su propio cáncer. En su karma. Aunque desconocía si ese fuego iba a poder ser apagado por algo tan banal como mi persona, tampoco inferí en si podría ser apagado o se convertiría en una adicción.
Sin siquiera ser analizado por el Creador, sin que todo esto que estaba acaeciendo tuviera Su aprobación, arruinó mis planes con sólo depositar esa mirada juzgadora que siempre le echa a todas mis empresas. Creo que siempre alude a la misma vieja excusa de que estoy haciendo las cosas mal, y es lo que justamente Él no entiende: me cuida mucho. No comprende que los golpes debo dármelos yo mismo, que sobre mis fracasos debo superarme y que no tiene que cuidarme como si solamente yo fuese su hijo o su creación. Entre hacer las cosas mal y no hacerlas por miedo a fracasar al principio, siempre preferí hacerlas mal antes que ser un fracasado con temor al fracaso.
Quizá su cabello oscuro me remitía a la negrura de mis días pasados. Todos esos días que fui huésped del infierno y hubo una esclava que me servía, llevaba el mismo color de sus ojos y una dulzura muy distante a la que pude encontrar en la Tierra. Aquella esclava del Averno sostenía la beldad de un ángel caído, entonces jugaba con su existencia y traía en su mirada el despiadado velo que no la dejaba ver quién era realmente y en dónde estaba.
Y quizá por eso me rechazó.
A veces me pregunto por qué todas las historias en torno a mí siempre quedan suspendidas en el aire, con un final abierto o sin algún punto final. ¿Se trata acaso de alguna ironía hacia mí, que tengo una particular afinidad por concluir de cualquier manera las historias de mis personajes, ya sean ficticios o inspirados en alguna realidad alternativa? Quizá esta sea esa realidad paralela.
Creo ser otro miembro más de esta dimensión desconocida. O, tal vez, sea otro componente más que le da un sentido a este sinsentido.
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