abril 30, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (2 - La Caída)



Un rayo contundente cayó ese día...
Yo, quizás un espécimen odiado. El relámpago infame con el que fui iluminado me tatuó por una eternidad, tal vez por tres o más. No resulté incorregible por el hecho de no poseer una naturaleza que me identifique de otro ser. De la luz pasé a las sombras y, desde allí, una directa escala hacia el claroscuro. Cuestión de principios.
El arrojo fue hábil y tan poco democrático…
Malhadado infeliz. Poco a poco supe de mi destierro, pero mejor aún supe de mi rebeldía. Demasiado bueno para ser un demonio y muy malo para jugar de ángel: odiado, así, en el cielo y también en el infierno, despreciado por las fuerzas de ambos bandos, mi cuerpo al nuevo mundo obedeció y se adaptó.
El tiempo del destierro apenas comenzaría…
Yo y mi “tercer moral”. El Bien y el Mal sabían que muy pronto me armaría de elementos para enfrentarlos. No podía atraer acólitos a mi neutral causa. Apenas analizada la amenaza, un Dios y un Diablo preocupados hacen un pacto para mi retorno definitivo a alguno de los dos bandos y un posterior enjuiciamiento. Nada estaba fuera de ellos.
Y un triste destino que ya no sería simpático…
Definir mi tendencia. A este objetivo se arrojarían los híbridos, que son ángeles y demonios: creaciones inclusivas para mi dolor. Y, si quizás yo no fuera humano, me hubiese declarado bondadoso o maligno y sería arrestado, juzgado y castigado. Estos angelicales demonios me acechaban. De su ejército emanaban, y no fui vulnerable hasta conocerla.

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