abril 30, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (2 - La Caída)



Un rayo contundente cayó ese día...
Yo, quizás un espécimen odiado. El relámpago infame con el que fui iluminado me tatuó por una eternidad, tal vez por tres o más. No resulté incorregible por el hecho de no poseer una naturaleza que me identifique de otro ser. De la luz pasé a las sombras y, desde allí, una directa escala hacia el claroscuro. Cuestión de principios.
El arrojo fue hábil y tan poco democrático…
Malhadado infeliz. Poco a poco supe de mi destierro, pero mejor aún supe de mi rebeldía. Demasiado bueno para ser un demonio y muy malo para jugar de ángel: odiado, así, en el cielo y también en el infierno, despreciado por las fuerzas de ambos bandos, mi cuerpo al nuevo mundo obedeció y se adaptó.
El tiempo del destierro apenas comenzaría…
Yo y mi “tercer moral”. El Bien y el Mal sabían que muy pronto me armaría de elementos para enfrentarlos. No podía atraer acólitos a mi neutral causa. Apenas analizada la amenaza, un Dios y un Diablo preocupados hacen un pacto para mi retorno definitivo a alguno de los dos bandos y un posterior enjuiciamiento. Nada estaba fuera de ellos.
Y un triste destino que ya no sería simpático…
Definir mi tendencia. A este objetivo se arrojarían los híbridos, que son ángeles y demonios: creaciones inclusivas para mi dolor. Y, si quizás yo no fuera humano, me hubiese declarado bondadoso o maligno y sería arrestado, juzgado y castigado. Estos angelicales demonios me acechaban. De su ejército emanaban, y no fui vulnerable hasta conocerla.
abril 29, 2013 - 3 comentarios

León de Fuego



El león de tacones altos se me acercó sensual
con su cabellera encendida en un fuego carnal
sus labios carmesí en sintonía con el deseo
su piel deslumbraba con un toque de desenfreno

Baila alrededor mío una danza hipnótica y fatal
antropofagia imposible de negar como tal
el león de cabellos de fuego me arrancará la piel
y no habrá tiempo de pensar en lo bebido como hiel.

Bestia altanera y soberbia, regente cruel
mas apasionada y dulce como la misma miel
hoy me toca ser inevitable presa de sus encantos asesinos
¿qué clase de Dios bendito cruzó nuestros los caminos?

El león de cabello de fuego ya se cierne sobre mí
no quiero pelear contra sus dientes, los quiero, sí
quiero que con fiereza frenética parta  mi carne
para que así a su antojo me desarme y me arme.
abril 26, 2013 - , 0 comentarios

"Mariposa de Cristal (C'est fini)"


(...) Podrás hablarme de los pecados que se te puedan ocurrir, podrás acusarme, mas no tendrás tiempo de pronunciar todas las palabras. Ahorra tu aliento para algo mejor: contémplate junto a mi una vez más, una ultima vez. ¿Cuánto frío sientes? Ahí viene el gélido beso de la muerte a tocarte, no seas tímida... Yo besaré con mis calientes labios donde ella quiera tocarte. Es el fin, Greta. Deja que te lleve consigo que yo desde aquí contemplaré y recordaré una a una tus infames mentiras, tus "te quiero", tus "te amo" y ese imborrable "ya no te amo". Vuela, despreciable insecto encerrado en tu cárcel de cristal, admirada por pocos pero objeto de deseo de todos. Vuela alto, que quisiste ser ave de los cielos y eres una mosca entre las majestuosas dueñas del aire. Vuela e incinérate en el sol que tan lejos estás de él como de ser brillante.
abril 25, 2013 - 0 comentarios

El lado oscuro del corazón




El lado oscuro me ha venido a buscar, con su capa negra y sus alas grises. Su carroza opaca me heló la sangre. El genio alado del mal me ha venido a buscar para que dirija sus huestes. "Tus palabras guiarán las espadas de los que cortaran la cabeza de los blancos", me dijo. ¿Qué era más importante que ser jefe? Creo que vacilé demasiado.
Sus fríos dedos se posaron sobre mi hombro, miré la lejanía y los dos bandos: la guerra era próxima. "Nadie del lado de la luz ha venido a ofrecerte lo que te ofrezco yo. Basta de grises. Basta de todo aquello que perdiste por enarbolar la bandera del bien. Es hora de que sepas lo que es realmente ganar". Sabía que me estaba presionando para que eligiera su bando antes que comenzara la batalla final. Pero, en realidad, la batalla comenzaría cuando terminaran de definir su lugar los últimos indecisos. Yo era el último.
El lado oscuro del corazón me ofreció ser el más ostentoso rey, el más rico y deseado por las mujeres. Todo aquello que nunca había tenido. Así que, ¿por eso se me había negado? Todo para ser comprado a último momento. Entendí por qué nadie del lado de la luz se me había acercado a ofrecerme un puesto honorable. Elegí el bando de la luz porque no quiero las migajas de un tétrico sistema que te niega aquello con lo que mañana te querrán comprar. Ser un soldado de la luz representa una mayor recompensa.
abril 24, 2013 - , 0 comentarios

"Sin documentos"


Dice Andrés Calamaro:
La canción nace en Madrid. Tal vez la hice en una casa de la calle Martínez Campos o quizás en la sala de ensayo de la calle Tablada número 25, donde está filmada la película de Almodóvar Laberinto de pasiones. Los documentos, por ejemplo la cédula de identidad, son parte de nuestra cultura y de la idiosincrasia policial. Para los de mi edad está relacionado con la persecución y la represión, era un asunto bastante heavy con la policía, y lo sigue siendo. Además, para los extranjeros en Europa también es importante: la mitad de Los Rodríguez estábamos indocumentados. Estábamos conquistando España sin documentos, lo cual era divertido. Pero la letra es estrictamente sentimental. Es otra estúpida canción de amor, indudablemente. Es el varón frente a la amplitud del corazón latiéndole. La constante de esa letra parece ser el insomnio, el romance, una idea vacía y el paso del tiempo. Muchas veces se piensa que una canción es letra y música, pero en realidad, son muchas más cosas... Aunque la música y la letra parecen balanceadas, creo que hay otras cosas que la hacen un poco más importante, como el fervor y un buen título. “Sin documentos” tiene esa particularidad: el pueblo las pudo cantar con el brazo en alto. Otra estrategia es el intervalo, el primer acorde es un Sol Menor muy sencillo y yo empiezo a cantar en un Re, en la quinta... ¡Cómo suena esa distancia! Es lo mismo que en “Mil horas”, “Días distintos” y “Para no olvidar”. El mismo intervalo, el mismo tono. Me parece que deliberadamente estaba usando cosas de “Mil horas” diez años después, para ver si podía repetir esa sensación triunfal.

Fuente: "Antología del Rock Argentino" (2006)
abril 23, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (1 - Bienvenido al Infierno)




Un día empecé a morir...
¿Alguien sabrá que nadie puede venderle su alma al Diablo? Yo quizás, porque intenté vendérsela por el brillo de aquel par de ojos traicioneros y esa boca, ese deseo incurable de dolor inconmensurable. ¿Acaso quién es más tonto: el Diablo al comprarte algo que no te pertenece, o vos al comprarle una eternidad de sufrimientos a cambio de algo que no es tuyo?
Ese día me ofreció un tour...
"¿Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto?" El Diablo se ríe de tu mala suerte, que me dejé llevar por todas ellas al inframundo de los desgraciados. Quizá me lo merecía. Había olvidado parte de mi equipaje en la estación anterior, pero traje conmigo a mi tonto, despedazado, furibundo, agonizante, ciego y anestesiado corazón.
Aquel día quise inventar algo...
Dos días en el infierno, casi catorce años de sufrimiento, dos siglos de un hedonismo vano. El dolor, tal vez. Laceraciones viscerales, comiendo de la roída carne promiscua, bebiendo del caliente éxtasis de la locura, sufriendo las erupciones corporales y otros males que el clima resaltaba sobre mi cuerpo.
Y solo pude tenerme por bien afortunado…
Allá estaba yo, pero aquí también, y ahí… allí. No sé, al final, si realmente puedo vivir sin el calor agobiante de ese infierno que me cobijó. Solo sé que no sé nada, nada en concreto. Quizá conozco que aquello por lo que volví es lo que hoy me mantiene vivo, a diferencia de aquello (todo ese grupo malicioso) que me hacía sentir muerto e infelizmente agraciado por eso.

Continuará…
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Feliz Día del Libro



Coincidiendo con la celebración del Día del Libro, la Sociedad Española de Neurología (SEN) ha difundido una lista de beneficios que implica para nuestro cerebro el hábito de la lectura. Estos son los principales.

Conexiones neuronales. Según Guillermo García Ribas, Coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN), “la lectura es una de las actividades más beneficiosas para la salud, puesto que se ha demostrado que estimula la actividad cerebral y fortalece las conexiones neuronales”. Un cerebro activo no solo realiza mejor sus funciones, sino que incrementa la rapidez de la respuesta. Mientras leemos, obligamos a nuestro cerebro a pensar, a ordenar ideas, a interrelacionar conceptos, a ejercitar la memoria y a imaginar, lo que permite mejorar nuestra capacidad intelectual estimulando nuestras neuronas.

Reserva cognitiva. Pero además, en los últimos años, han sido muchos los estudios que han relacionado el nivel de lectura y escritura con un aumento de la reserva cognitiva. “Desde el punto de vista de la neurología, el concepto de reserva cognitiva ha cobrado una gran importancia, no solo porque se ha visto que existe una relación directa entre la misma y el buen funcionamiento cognitivo y ejecutivo de nuestro cerebro cuando envejecemos, sino porque se ha demostrado que es un factor protector ante los síntomas clínicos de las enfermedades neurodegenerativas”, asegura García Ribas. “Se ha comprobado que cuanto mayor reserva cognitiva posee un individuo, mayor capacidad tiene su cerebro para compensar el daño cerebral generado por ciertas patologías”. Debido al envejecimiento progresivo de la población, en los próximos años, el número de afectados por demencia, principalmente alzhéimr, crecerá exponencialmente. "Leer retarda y previene la pérdida de la memoria, por lo que permitiría retasar la aparición de estas enfermedades y reducir el número de casos”, concluye Guillermo García-Ribas.

Antiestrés. Leer, sobre todo relatos de ficción, puede ayudar a reducir el nivel de estrés, que es origen o factor de empeoramiento de muchas dolencias neurológicas como cefaleas, epilepsias o trastornos del sueño. Además, leer un poco antes de irnos a dormir, puede ayudar a desarrollar buenas rutinas de higiene de sueño.

abril 21, 2013 - 0 comentarios

Ya no hay más

Ya no hay un desierto delante mio
no hay oasis pasajeros donde recargar aquello que se me quitara mañana
no hay un espejismo que me diga que estas sin estar
cancelo aquello que me hace mal
destierro lo nocivo
entierro lo doloroso
Ya no hay carceles donde encerrarme a mi mismo
no hay guardianes del oprobio
no hay columnas que se derrumban
tu Jerico caera
tu Jerusalem sera tomada
tu Antlantida se hundira
yo seguire mirandote desde aqui
Quizas te ayude
Ya no hay terreno sinuoso
No hay caminos empedrados donde sangrar mis pies
No habra mas heridas que se lleven mi vida
El silencio no me aturdira mas
Las palabras no me volveran a herir
abril 18, 2013 - , 2 comentarios

"El tren de las 16", Pappo's Blues

Dice Pappo al respecto:

"Resulta que estaba en Inglaterra, en la estación Victoria de Londres. Ahí conocí a una chica. Yo iba caminando en la misma línea que ella, pero enfrentados. A medida que avanzábamos, ni yo quería dejarla pasar, ni ella a mí, entonces nos chocamos. Me tendría que haber corrido porque era una dama, pero me quedé y la mina se quedó, y me miró y la miré... y nos dimos un beso. ¡Y automáticamente pasamos a ser novios! Nos conocimos, la piba se enamoró de mí, ¡y hasta llegué a ir a la casa a pedirle la mano a la madre para que nos casáramos! Después de tres meses de noviazgo, me llamaron para hacer una gira y tuvimos que separarnos. En ese momento no podía quedarme en Inglaterra y estar con ella, ni tampoco la podía llevar. El problema era la edad. Ella vivía con sus padres y yo tenía que irme, ¿cómo les decía a sus viejos que se iba a ir de su casa por un mes con un músico de rock y encima argentino? ¡Ni en pedo! ¡No la dejaban ir! La despedida fue en el mismo lugar donde nos habíamos conocido: la estación Victoria. Ahí, llorando, me dio un anillo con un diamante que le había regalado la abuela. Estaba enamoradísima. Con el tiempo volví a Inglaterra y la busqué por todos lados; pero no estaba, no la vi más. Después me arrepentí de haberme ido. Hubiera dejado todo y me hubiera quedado. Pero, en el fondo, ser músico es tener que dejar todo de lado para seguir. Mi amor por la música era tan grande... que me tuve que ir. El tema lo hice en un estudio de Buenos Aires, cuando grabé Pappo’s Blues 2. Escribí “Yo sólo quiero hacerte el amor” porque me acordaba de que era algo que habíamos hecho con ella. La canción también dice: “Pero tengo que dejarte otra vez”..."

Letra
Yo sólo quiero hacerte el amor 
E ir caminando un rato bajo el sol 
Y de un momento a otro te diré 
que tengo que dejarte otra vez 
pero estaremos juntos hasta el amanecer 
Yo tomo el tren que sale a la hora dieciséis. 
Que tengo que dejarte otra vez 
pero estaremos juntos hasta el amanecer 
Yo tomo el tren que sale a la hora dieciséis.


Fuente: "Antología del Rock Argentino" (2006)
abril 15, 2013 - , 0 comentarios

"De música ligera"

Lindo lunes para empezar con un tema bien arriba, muy del estilo de Gustavo Cerati, el cual a la hora de hablar qué fue lo que lo motivó a escribir aquel legendario tema de Soda Stereo, refiere lo siguiente:
Mis padres tenían una caja de discos que se llamaba “Clásicos ligeros de todos los tiempos” donde había música de películas, obras clásicas y de todo, mezclando Mozart con Ennio Morricone. Esas palabras me habían pegado mucho y a mí me quedó sonando siempre la frase de “clásicos ligeros”. ¡Todo el tiempo vuelvo a lo que hacía cuando era chico! Es un momento en el que salieron muchísimas cosas: ideas musicales, yeites con la guitarra y cosas que ahora no se me ocurriría hacerlas. Por otro lado, había participado en el disco Conga, de Daniel Melero, tocando en un tema que se llamaba “Música lenta” que decía: “serán los efectos de la música lenta”. Y fue como una especie de respuesta velada, porque me impulsaron esa misma canción y los efectos de la música lenta. Después me acordé de los clásicos ligeros y de la música ligera, y empecé a escribir sobre lo que significaba un poco la idea del pop. Por un lado, no podés zafar de ello y siempre está bueno escuchar una canción así, donde no tenés ni qué pensar, porque simplemente está y te arrasa. Por otro lado, no es que te quede tanto, sino que es sólo un momento en la vida. Fue uno de los temas más instantáneos que tuvimos con Soda Stereo. Fue llegar a la sala, empecé a tocar el riff, y salió. Musicalmente, lo creamos los tres. La letra la escribí ahí mismo, no entera, pero parte sí. La mayoría de las veces la motivación para escribir, la inspiración, te sale de la misma música. La misma música tiene los ingredientes necesarios a la letra, hay algo de lo que me está hablando la música. En este caso era lo más liviano y lo más pop que podía imaginar, era como una canción que había estado guardada durante mucho tiempo ahí. Lo primero que siempre escribo es el estribillo, que aquí fue: “de aquel amor de música ligera”. Después habla de la música en sí: “ella durmió al calor de las masas y yo desperté queriendo soñarla”. ¡Es eso, es la música hablando! Entre nosotros sentíamos y sabíamos que ese tema iba a reventar. A veces lo sentís eso. Y por la forma tan instantánea en que salió fue como si la hubieran tocado diez mil grupos antes. Quizás no fue así... ¡la tocaron diez mil grupos después!



Fuente: Antología del Rock Argentino, Malena Aboitiz, Ediciones B (2007).
abril 12, 2013 - 0 comentarios

¿Platónico o imposible? (Final)


¿Qué tan mal estuve, me preguntas? Mi pobre fantasma, si hasta pareciera que ignoraras que sigo respirando. Sigo vivo, pero con un pedazo de mi alma perdida quién sabe dónde. Sigo vivo, sí, pero ¿a qué costo? ¿Cuánto me costó tenerte aquí de nuevo frente a mí? A veces pienso que solamente estoy hablando solo, desvariando. No, mi querida, no fue tan fácil deshacerse de la espina que se clavó en lo profundo de mi ser, arrancarme el tatuaje de tus besos de mi piel ni borrar la tinta indeleble con las que escribiste cada uno de los mandatos de amor en mi persona. No es fácil abrir una puerta y dejar atrás una habitación pintada con tu nombre y tu rostro, con libros de cómo debía ser con vos, repleta de papeles donde escribía qué poder enseñarte y qué cosas podías enseñarme también. El suicidio no es opción para los que temen morir. Seguramente tuviera la suerte de caminar sobre alguna plataforma que me eyectara al sol, encontrar algo que ardiera más que el calor de tu cuerpo para quemarme y consumirme, que no quedara más de mí que un recuerdo abyecto de existencia, de halo espiritual. Seguí vivo, mi encantador fantasma, a pesar que cada día que pasaba sin saber de vos era la muerte constante, el gélido beso del ángel de la Muerte noche tras noche: pasé mil años en un infierno de hielo tratando de apagar el incendio que dentro de mi pecho encendiste, y no lo pude apagar del todo.
Aquella mañana recibí la llamada que me detuvo en el tiempo: te ibas a casar con ese Homo Neanderthal que nunca te había hecho sentir la mujer que fuiste a mi lado. ¿Parálisis momentánea? Puede ser, mi tierno fantasma. ¿Recuerdas aquella sensación de qué en mi pecho corrían una carrera una tropa de caballos salvajes cada vez que me besabas o estabas cerca mío? Fue algo parecido, seguido de un temblor en las piernas y la idea de tener que hacer algo. No podía perder el premio de tu amor sin siquiera haber competido como se debe, pero no tenía autoridad ni valentía para pensar un plan que pudiera acercarme de vuelta a vos. Quizás refugiándome en un trago podría pensar más claramente o, aunque sea, darme el valor de ser el intrépido príncipe azul que siempre dijiste que era. Y me tomé toda la botella, la mente no estaba totalmente clara pero tampoco podía apartarme de tu recuerdo, mi fantasma sonriente. Fantasma que me miras desde el fondo de ese vaso de cristal y me guiñas un ojo, ¿qué quieres? ¿Quieres que forme parte de aquel circo al que todo hombre se suma solamente por demostrar qué tan hombre es? ¿Quieres que me ponga en el papel de amante desesperado que hace cualquier cosa por no perder al amor de su vida? Me recuesto mientras todo da vueltas, quizás soñándote pueda mitigar este dolor que me ha dejado tan borracho de sentimientos y alcohol. Perdí la consciencia ante la idea de perderte para siempre.
Me desperté algo confundido y alterado, no tenía noción de que estaba haciendo algo que podía cambiarlo todo. Tomé dinero de mis ahorros y salí corriendo a comprar un boleto que me llevara cerca tuyo. En menos de lo que pensaba, aún soportando mis propias ansías, llegué hasta aquella ciudad en la que una vez nos enamoramos. Ahora me quedaba un solo problema: llegar hasta tu pueblito fantasma antes de que dieras el sí. ¿Tan loco podía estar alguien? Es algo que en ese momento no me planteé ni remotamente, aunque mis amistades me lo hayan reprochado en innumerables ocasiones. Todo estaba pasando tan rápido que necesitaba más tiempo de planear cada movimiento, tiempo que, obviamente, no tenía. El camino hasta tu casa, mi fantasma, no era tan fácil de sortear como cualquiera creería, aun así me aventuré a tomar ese ómnibus amarillo que un día te alejó de mí para no verte sino unos años más tarde, convertida en la mujer de la que me enamoré. El viaje era largo, intenté dormirme pero no pude siquiera soñar, parecía que la ansiedad me estuviera jugando la peor pasada. Los zapatos me apretaban, la señora sentada al lado mío había balbuceado algo que no llegué a comprender: le sonreí por cortesía. Sabes que tengo esa costumbre. Tenía ganas de llegar a ese lugar al que solamente había ido una vez y no por mis propios medios, quizás me perdía en medio de la nada. Ruta 142. El siguiente pueblo era donde debía bajarme, miré el reloj: todavía no era tan tarde para llegar a evitar que te casaras. Sí, estaba yendo a impedir tu boda, ¿qué esperabas que hiciera? Era un hermoso día, el sol resplandecía, los colores de la vegetación podían dejar ciego a cualquiera que pasara por allí, pero apenas descendí caminé en círculos, buscando aquella iglesia donde el infeliz te desposaría. ¿Seguía habiendo arsénico en el agua? Parecía haberme perdido, busqué la cúpula, no la encontré. Busqué una cruz en lo alto, allí estaba, solamente esperé no llegar tarde. Crucé una plaza embarrada, parecía que había caído una tormenta la noche anterior, quizás el clima también lloraba como yo lo había hecho. Hasta podía oler mis lágrimas, aunque no todo estuviera perdido todavía. En aquella iglesia todo parecía calmado, había gente en la puerta y en la plaza también, aminoré la marcha y escondí mi rostro, algunos de tus familiares me conocían y no era muy común ver a alguien que no era del pueblo por esos lares. ¡Tu casa! Quizás estaban preparando todo para tu salida al oratorio. Me volví sobre mis pasos y reconocí tu casa a las pocas cuadras, un automóvil adornado con un enorme moño rosado esperaba en la puerta. Cuando faltaban tres metros para llegar allí, pude ver que salías vestida de blanco, resplandeciente, el día y sus colores no valían una mierda al lado de tal visión. Pero fueron escasos segundos, subiste al auto, siguieron tus padres detrás de ti y el auto arrancó. Llegaban tarde. Me volví a tapar el rostro para que tus padres no me reconocieran y vi cómo te alejabas. Había estado a pocos metros tuyo y no me habías notado, quizás sí era verdad que me habías dejado de querer. Me sentí abatido, no tenía fuerzas en las piernas para correr no tenía voz para gritar tu nombre. ¿Qué podía hacer para que notaras que estaba ahí, mi bello fantasma? No parecías un alma en pena vestida de blanco, eras la princesa de la que me había enamorado perdidamente. Pero ya eras soberana de otro reino, aunque de nada hubiese valido mi expedición a tu pueblito fantasma. Me senté en el suelo y esperé a la Muerte que me llevara con su incondicional beso pero, hete aquí, fantasma travieso, que la Muerte llegó y no me llevó. Simplemente me despertó.
Aquel largo sueño en el que imaginé la osadía de buscarte y perderte, no fue más que una fantasía que mi cerebro recreó una noche. ¿Que cómo es que mi cerebro puede inventar tales cosas, fantasma curioso? Eso es porque no has visto las cosas de las que soy capaz y de las cosas en las que estuviste inmersa mientras jugabas a ser feliz con él. Te he rescatado más veces de la infelicidad que lo que cualquiera haya hecho. Sí, tratar de impedir tu boda fue un sueño, uno vívido y doloroso, pero nada que no pudiera remediar una aspirina la mañana siguiente. No sé cómo fue el día que te casaste, no sé cómo llegué hasta aquí, en realidad me dejé guiar por el recuerdo de mi sueño: ha crecido mucho este pueblo. Simplemente caminé hasta aquí, me aseguré de que él no se encontrara y decidí contarte todo esto, mi perplejo fantasma. Sorpresa para mí es que estés tan hermosa con el paso del tiempo… No, no confundas estas lágrimas con dolor, por favor. Es algo como felicidad, es algo como… ¡Ay, mi fantasma inocente! Si supieras lo que me cuesta transmitirte los sentimientos tal como los vivo, es que nunca me imaginé estando acá. Pero, no quiero robarte más de tu tiempo, sé que tus hijos te demandan más de lo que yo puedo pretender y, creo que me he quedado demasiado tiempo en tu puerta, los vecinos se van a escandalizar. No, mi hospitalario fantasma, no insistas a que me quede, no podría soportar ver el ritual de convivencia que llevas con aquel hombre. Quizás en otro momento nos volvamos a ver. Seguramente no nos volvamos a ver hasta la próxima vez, y en ese caso, recuérdame de pelear por vos hasta las últimas consecuencias.
Ve adentro, mi insistente fantasma, que si lo nuestro vuelve a ser, será. Nunca dejaría que la historia se repita, nunca dejaría que vuelvas a sufrir. Ve, cierra la puerta, seca tus lágrimas como yo secaré las mías. Ve y piensa una respuesta para la próxima vez que el Destino quiera jugar dados con nuestra existencia: este amor que nos tenemos, ¿cómo es? ¿Platónico o imposible?

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¿Platónico o imposible? (2da Parte)


Otro 27 de junio encerrado en esta celda hecha de recuerdos. La muerte es un consuelo del cual no soy merecedor. Lo único que puedo anhelar es el color de ese iris, aquel tímido beso que me eyectó fuera de este mundo y me convirtió de sapo en príncipe por un corto tiempo. Un corto tiempo que valió enormemente la pena. ¿Cuánto nos habíamos distanciado? ¿Cinco años? ¿Cuatro? No creo que nadie cuente los años cuando intenta olvidar, pero quizás lo que hice fue convencerme de que lo había hecho, hasta ese inocente día que nuestros caminos —por capricho del Destino tal vez—se volvieron a cruzar. No sé si estaba tan ebrio aquella noche o solamente era mi corazón el que decidió ahogarse en alcohol al verte en brazos más dichosos. Brazos menos merecedores, diría. De qué agujero mohoso, sucio y oscuro en medio de la nada había salido semejante bestia que creía ser el conquistador de los siete mares del planeta… Tu respuesta habría sido esa misma frialdad como la que me tratabas cuando éramos niños, ni siquiera un saludo: parecías tan completamente entregada a él, que el único refugio que pude encontrar fue abrazado a un vidrio soplado repleto con el líquido que altera los sentidos. Yo no necesitaba ninguna droga que no fueses vos para mantener mi corazón agitado, bien lo comprobaste una vez. Al margen de eso, no recuerdo bien si por falsa afinidad o una indecible necesidad de estar más cerca de algo tuyo, congenié y tuve cierta relación de acercamiento con esta criatura que decía ser tu novio. Sin embargo, resultó ser una persona centrada en su ego, que compartía una particular diversión por humillarte mientras dormías muy tranquila en tu cama y luego me hacía responsable a mí de sus desenfrenos sexuales con mujeres de la calle. Sí, ese mismo que se vanagloriaba de su apellido, aunque fuera de su pueblito no era más que otro animalito de campo salido de un agujero inmundo cualquiera solamente con pretensiones de que su apellido pudiera llevarlo a la fama. Si su abuelo supiera lo que resultó, volvería del inframundo solamente para arrancarle aquel objeto de seducción que el se había encargado de enaltecer lo que duró su vida. Bien sabes que la afrenta no la callé, no pude soportar ver que aquello que me había conducido a creer en el amor, aunque fuese no correspondido, sea víctima de aquel ultraje. Luego dejé en evidencia que seguía enamorado de vos, frente a todos, frente a él… y la vida nos volvió a separar, pero no por mucho tiempo.
Cuando empezó el grueso de esta historia de amor, pensé que no sería más que el juego que empezaba a proponer. Aquella crisis con el energúmeno que ostentaba tu felicidad parecía dejar esa brecha en la cual pude, a fuerza de ramitas cual pajarito enamorado, armar un nidito en el cual pudiste por fin saber que pudiste haber sido feliz todo esto tiempo que estuvimos separados. ¿Todo ese tiempo separados? Sí, así de enorme fue mi sorpresa cuando me confesaste que de chica yo también te gustaba pero nunca te habías animado a confesarlo. Cada vez que recuerdo aquello, experimento algo en el pecho, un sentimiento de plenitud que solamente me da el transportarme a aquel momento: nunca volví a sentirme así sin tener un vacío que carcomiera desde lo más profundo luego. Recuerdo cada instante como si se hubieran congelado y conservado de una manera criogénica en mi memoria, sin importar si con eso empujaba algún otro recuerdo menos útil hacia la papelera. Tu mano aferrada a la mía mirando una película, tus ojos de maravillada, tus blancos dientes detrás de esa sonrisa, ese color en tus mejillas. Mi tímida idiotez que no podía besarte y condenar ese bello momento a un berrinche tuyo. Cuando recostado en la cama miraba el techo y no encontraba una salida a aquel miedo atroz, te acercaste a acostarte a mi lado, posiblemente a ayudarme a encontrar la solución. En lugar de eso, me embarraste el camino preguntándome qué esperaba de una relación entre nosotros. Dudé. ¿Cómo podíamos llevar adelante algo así, teniendo en nuestro camino tantos baches del tamaño de cráteres lunares dispuestos a propósitos para que no fuéramos ni siquiera amigos? Decidí no darte ninguna respuesta razonable, el corazón me había llevado hasta allí, el corazón me tenía al lado tuyo, respirando los dos el aire del otro. No iba a dejar que mi razón arruinara quizás la única oportunidad que tenía: te dije que lo único que quería era amarte y hacerte feliz, no importaba cómo fuera, cuánto me llevara. Simplemente quería que te sintieras tan feliz como ese tiempo que fuimos el uno del otro, yo atendiendo tus más mínimos detalles, haciéndote sentir orgullosa de ser mujer. De ser la mujer de mis sueños. Me besaste y escribiste tus nombres en mis labios para siempre, la marca con la que debía vagar por la Tierra como la que Dios le puso a Caín por haber matado a su hermano, ese beso mató mis demonios internos, fortaleció mi autoestima, me hizo creer en algo en lo que ya de a poco estaba perdiendo la fe. Fui feliz en ese momento, sabía que eran tus labios el agua bendita que venía a hacerme creyente una vez más. Sí, parecía haberme quedado dormido de vuelta en alguna clase y haber soñado con todo eso, pero no fue ningún sueño… el sueño eras vos, mi dulce fantasma, cuando encarnada me diste de probar el néctar de tus labios, me diste la inmortalidad para que después pudiera arrepentirme.
No obstante, la llamada del Destino estaba próxima: debíamos volver a separarnos. Ninguno de los dos queríamos pero siempre volvíamos a reencontrarnos, quizás esta vez nosotros podíamos burlarnos de él de una manera insospechada, prometiéndonos en secreto los pasos a seguir de nuestro plan para fugarnos por amor del Destino, la familia y los demonios que volvían a las andadas. Entre besos y arrumacos la madrugada nos sorprendió prometiéndonos amor eterno, no podíamos esperar hasta la próxima vida para sufrir hasta volver a encontrarnos. Era imperdonable. Y ese día vi cómo nos alejábamos, con las promesas frescas, las miradas clavadas uno en el otro, extrañándonos los besos y los abrazos. En poco tiempo nos acostumbramos tanto el uno al otro que parecía casi novelesco. Desembarqué en mi mundo de nuevo, todo parecía igual pero el que había cambiado era yo. Luego todo se volvió confuso, quisiste cambiar y dejar atrás tu pueblito fantasma, pero los demonios no solamente son entes que complotan para arruinar nuestras vidas, también son seres humanos que quieren que vivas una vida a pleno antojo suyo. Un día me dijiste que no soportabas más la presión, que te había abandonado, comenzaste a odiarme y volviste a tu pueblo, a vivir aquella vida que tanto te pesaba. Sin habernos dado cuenta, el Destino había recibido las tácticas de nuestro plan y lo arruinó todo. Quizás ya nunca más íbamos a cruzarnos de nuevo, porque el regreso solamente te llevó a los mismos brazos ingratos de siempre, a aquel desparpajo de tipo que nunca hizo más que humillarte y maltratarte, usarte como su mucama personal y no ser otra cosa para él que un objeto de los deseos que su hueca y podrida mente cobijaba. La utopía que había sido mi mundo, ahora era peor que un apocalipsis zombi sumado a desastres naturales, una extraña sensación de fin del mundo y siete guerras mundiales en simultáneo. Algo tenía que hacer…

(Concluirá...)

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¿Platónico o imposible? (1ra Parte)


Veo cómo la sombra de tu silueta se dibuja en la cortina que está en la puerta: los tibios rayos de sol de este invierno cardíaco contornean ante mis ojos la delgadez de tu cintura y la pronunciación de tu busto, tu delicada nariz de muñeca de porcelana. Sé que no es más que mi sentido jugándome otra vez una mala pasada, porque mis sentimientos revolotean como buitres esperando alimentarse del cadáver de tu recuerdo.
Por ti escribí poemas que nadie jamás va a leer nuevamente, por ti fui capaz de sentir lo indecible, tocar lo intocable, fui capaz de construir un modelo de persona de acuerdo a tus necesidades. Fui el héroe y el villano de nuestra historia y de cada una de las que inventaba para mí, teniéndote por protagonista. Fui capaz de desarrollar un don que quizás jamás hubiese advertido en mí sin esa necesidad de sentirme personaje principal de una aventura por obtener tu corazón. Fui escritor. Fui quien más y mejor te amó... Y, lamentablemente para tu marido, soy quien más te ama, aunque la vida nos haya puesto una distancia. Sin embargo, como bien conjugué: Fui.
Hasta mañana, mi dulce fantasma, ¿ya te vas? ¿De regreso al pueblito fantasma? ¿Acaso no estás cansada de ver los mismos rostros, de rendirte ante los mismos fríos brazos noche a noche? Hasta mañana, porque sé que mañana volveré a vivir cuando vuelvas con tu recuerdo. "Inalcanzable" me decías... No sé cómo podrías saberlo, quizás hayas visto el futuro. ¿Enamorado de un fantasma clarividente? Fantasma pesimista, diría. Recuerdo cuando eras de carne y hueso. Cuando tus besos y tu cálida respiración me hizo vivir el mejor sueño despierto. El más real. Pero ya habrá tiempo de llegar a eso, porque primero recuerdo tu encarnación, cuando eras real, cuando te vi aquella tarde de patios interiores y fragancia a durazno, maduros frutos que caían al empedrado suelo cuando se sentían independientes. Yo no pensé que así de maduro caería ante el suelo empedrado de tus encantos, los moretones y las heridas superficiales serían solamente el premio consuelo de aquella lotería el amor que nunca podría ganar. Éramos niños… tan pequeños, que jamás pensé que volviendo de esa expedición y viéndote por primera vez, iba a llegar a la hora 24 de mi niñez para ingresar en la 0 de mi adolescencia. ¿A qué familiar tuyo visitabas ese día? Me cuesta tanto recordarlo como tan poco me importa ya.
Ese día imaginé que sólo se trataba de un fantasma, en verdad. Acaso un espectro que jugaba con mi imaginación, con aquella precoz predisposición que tenía por inventar fantasías. Y cierto es que en ninguna de las fantasías que mi mente pudiera llegar a formular pudo haberse concebido la perfecta amalgama de tu piel, tus ojos y tus labios con tu voz, tu sonrisa y tu delicadeza. “Solamente fue una invención de mi imaginación”, me resigné. Pero grande fue mi sorpresa la noche de Navidad en la que te encontré allí sentada, como esperando tu príncipe azul y yo que ni me acercaba a un sapo desalineado. Ya sabía que eras de carne y hueso, que no eras ni un espectro ni una alucinación, que no eran fantasmas venidos de sabe Dios qué lugar para torturarme. Era solamente yo, que me había enamorado como un tonto: a primera vista.
Sin embargo, como en toda historia de amor que se enorgullece de sí misma, el sentimiento no era correspondido. Quizás la vida se trataba de eso, de reducirnos a una shakesperiana versión de lo que el amor puede provocar, el odio interfamiliar y en la cúspide de ello, el suicidio como la inmortalidad del alma y del amor entre dos seres. Romeo podía seguir esperando fuera de escena con su botella de veneno dispuesto a convidarme. Aunque lo pensé en más de una oportunidad. Cada lluvia de rosas que enviaba a tu valle, era respondido con ráfagas de bombas napalm directo al pecho. Cada palabra dulce era respondida con una burlona carcajada enterrando en sus entrañas el coraje y vistiéndome de bufón ante todos. Cada carta escrita fue rota ante mis ojos antes de llegar a ser abierta y leída aunque sea. Estaba deshecho. Desde ese día fui tu héroe, desde el preciso momento en que supe que tenía una restricción de acercamiento impuesto por tus sentimientos; inventé una y mil fantasías de las que te rescataba del mal; había cientos de y vivieron felices por siempre; creé decenas de situaciones de las cuales nadie más que yo pudiera salvarte. Pero como toda fantasía, un día tuvo que desaparecer… ese día nuestros caminos se dividieron, vos seguiste con tu vida, empezaste a enfantasmarte; yo, por otro lado, me fui haciendo uno con la carne de mi cuerpo, me encerré en lo que solamente era capaz de percibir con la lógica. Y, cuando todo estuvo listo por fin, te vi alejarte… así como te vi llegar, te vi dejándome; el muro que nos dividía empezó a erigirse ese mismo día: la distancia. Un muro de Berlín que, en lugar de dividir dos extensiones de un mismo país, escindía el pasado y el futuro de mi biografía. El presente soy yo y estos ladrillos son incapaces de ceder con acción de ningún hombre o mujer, parecía ser su lema.
Creo que crecí. O crecieron mis creencias. Simplemente me resistí a pensarlo, me opuse con fervor a tener que recordarte y las ideas solamente fueron pasando de la mente al papel. La tinta empezó a borrar aquello que había creído como me lo habías dicho inalcanzable. Nunca supe bien por dónde era que andabas, dónde vivías o si el tipo que habías inventado para que lo nuestro no fuese verdad existía. Fue el tiempo en que me dediqué a olvidarte, construyendo nuevas historias, dejándome comer el corazón por lobos vestidos como cordero: dejando que mi vida valga lo menos posible para, de alguna manera, sentirme vivo. Hubo buenos momentos, no lo dudo, pero comparándolo fueron más aprendizajes que disfrute. ¿Acaso de eso no es de lo que se trata nuestra vida en este mundo? De nada vale preguntarte, ni siquiera sé si me vas a responder. Ni siquiera sé si sabes lo que me estás por responder. Quizás no haya escrito lo suficiente de ti, no sé ya si es bueno apelar a tantas maniobras para que quien lea note de quién estoy hablando, alguien en algún momento sabrá con nombre y apellido a quién me refiero, sabrá con certeza de fecha y hora si los sucesos que narro son o no verosímiles. Alguien en algún momento lo sabrá todo, lo sé, y callará: no le dirá a los demás qué es lo que en realidad sucedió. Y, aunque parezca de lo más ficticio que jamás haya salido de mi boca, alguien sabrá que lo mucho que te amé no es parte de ninguna pieza literaria. O sí, la pieza literaria que conforma mi vida. La novela mejor escrita.

(Continuará...)
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"Ponte en movimiento y lo demás vendrá por añadidura" dice una máxima del Maestro Jesús, brutalmente manipulada a los fines oscuros de la Iglesia Católica para mantener a sus corderos contentos y calmados. Este espacio es una simple puesta en movimiento, una opción diferente... una ventana para escapar un rato de esa falsa realidad a la que nos tienen acostumbrados a vivir.
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