diciembre 30, 2013 - , , 0 comentarios

Segundo Día




Al segundo día, todas las cosas me saben morbosamente familiares, cuando en el silencio de esta huida llueven en mi cabeza las repetitivas y bufarronas voces y las enfermas risas de mi pasado. Si esta balsa soportara todas las tempestades, si este abrigo aislara todos los vientos, seguramente mi corazón podría reconocer cuándo un nuevo habitante me traicionará.
Dios, ¿adónde voy? Este naufragio intencional no soporta que le dé direcciones. ¿Hacia dónde está eso que busco o eso que deseo perder para que en ningún otro momento de esta perra vida encuentre el mismo dolor por el que hoy me alejo de mis sentimientos y me acerco a inexperimentadas sensaciones que tampoco me aseguran una felicidad plena? Allí; acá. Todas las direcciones a las que miro son Norte. Todas son Sur. Todas Este u Oeste. Todas en ningún sentido.
Si el corazón era mi brújula, entonces la había olvidado en casa. Quizás la haya dejado a propósito. Aunque, si mi razón (o la razón que tienen todos los hombres) es una especie de piedra triangular que indica hacia dónde está el camino correcto a seguir, tampoco puedo decir que tengo a la razón como aliada. La he perdido, todo quid se torna ignominioso; la presencia de la desolación es una bestia que empieza a devorar la paciencia.
Bestia... ella, la de los oscuros cabellos y penetrantes ojos. Ella, la de los modismos provincianos y atrapante ser. La insolente. La que sin titubear fue capaz de acercarse en la espesura de la noche y arrancar un necio corazón que se empeñaba en pensar y en soñar con la pronta llegada del nunca arribado amor. La bestia inescrupulosa que sin temor se mofó del pobre infeliz que sin corazón ahora dormía y seguía soñando. Esa, la que le saboreó con un demoníaco mordisco la carne, fresca y jugosa.
Después se fue, como siempre.
Sí: en medio de la noche se me dio por pensar en mis miedos, en esas cosas que nunca me atreví a aclarar. Esas cosas que sólo a mí me interesan. Gente de una punta del país y de la otra. Infancias, sueños, amores frustrados, locuras y amistades.
En medio de un mar, me encontraba en mi propia anarquía, el propio interregno. Al despertarme hoy hubo un golpe de Estado, la naturaleza me refunfuñó sobre la balsa como un dictador que envía niños a la guerra. Y este golpe también cedió. Puede ser que se acerque una gran tormenta, algunas vicisitudes temporarias de esta aventura no las previne, tampoco me simpatizan tanto.
Ahora refresca. El silencio hiela. El atardecer revive ese infantil sentimiento que los fantasmas sólo aparecen en la oscuridad. No entiendo por qué en mi mente sigue la figura de gente negra que no pude olvidar. En la noche te cobijan mil recuerdos, te atrapan una infinidad de luciérnagas invisibles en cuya luz, piensas, podrá iluminar tu sendero y encontrar el camino a la prosperidad. Pero si apenas pueden iluminar un pedazo de tu rostro para tratar de decirte que la naturaleza ha sido más benevolente con ese insignificante insecto que contigo.

A veces, yo mismo me lo cuestiono: ¿por qué no habré nacido como uno de esos insignificantes bichitos?
diciembre 27, 2013 - , 2 comentarios

El naufragio (Abril 2009)


Podría haber mudado de vida, como la serpiente de su piel en ocasiones, pero... ¿otra vez? Había cambiado ya tantas veces este pesado y monótono ritmo de vida que siempre llegaba al mismo lugar. Frecuentemente mi vida se encontraba en el centro del laberinto. Era como el de Asterión o quizás peor, porque aquí lo que podía asesinar era la desesperación, aunque Teseo o Ariadna o quienquiera que fuera, cualquiera que fuera su fin, no determinarían su propio exilio.
Quizás era mejor perderme a seguir buscando todas esas costas; todas esas cosas que una vez perdí. Tal vez sería la manera menos trabajosa y económica de poder volcarme, de poder recapacitar mis errores. Pero no enmendarlos. ¿Sería acaso el tiempo de un viaje? De momento, una expedición hacia mi interior —que no necesitaba otro equipaje más que un abrigo, pues los gélidos vientos de una memoria maltrecha se cuelan en los huesos— se tornaría barata en causas y costosa en consecuencias. Quizás haya bastante hipocresía como para alimentarme hasta que este destino me deposite en alguna costa, ribera o playa. Tal vez haya bastantes tormentas y lamentos como para darme de beber agua hasta que muera.
Lo cierto de las aventuras es que terminan mal por querer sentirte bien. Esta es una aventura en la que puedo terminar mal por elección propia.

Día Primero:

Deseo dormir.
Sin embargo, tampoco deseo ver hacia qué dirección el viento me aleja. No quiero oír sus lamentos soberanos ni oír hablar de este país. El río parece de titanio o de aluminio y el horizonte que me parece el fin del universo y de la vida que me inspira una catarata de galaxias donde, por un momento, me hubiese gustado caer. En el fin, siempre comienza todo.
Siempre en el fin.
¿Hacia dónde estaba el lugar en donde nací? ¿Hacia dónde el lugar donde me crié? Todos los lugares quedaban en la misma dirección: allá. La huida tenía como propósito olvidar todo: lugares, nombres y recuerdos. Reconozco que para todo hay un por qué: en este caso la idea fue una propuesta y, la misma, una inmediata invitación a la búsqueda de experiencia.
En el infierno, seguro habría tiempo de sobra para pensar en lo infelices que somos. Y si Dios nos diese el tiempo para pensar (antes de lavarnos la memoria y regresarnos a esta fiesta interminable), seguro nos daría siete días para que naufraguemos en las árticas aguas de nuestras derrotas y victorias que, tarde o temprano, nos saben a sinrazón.
La locura y la cordura aún conviven en el inefable ocaso que me encuentra en el primer día de mi naufragio. La noche sabe a imágenes y ellas a una velocidad con la que me habla una niña castaña, un tanto estúpida y con extrañas erres, pueblerinas, algo infeliz y testaruda, insoportablemente pesimista, vestida con harapos pre-adolescentes que me finge no necesitar amor. La misma andrajosa me arrulla con pánico hasta el lecho: su voz me suena con claridad desde hace años. En ciertos momentos de dolor, la recuerdo.
Tengo sueño.
Cuando los caudales de agua comiencen a tornarse del color rojo, sabré que estoy llegando... O que estoy herido. Quizás desangrándome. La quimera me acaricia el pelo. Sé que es el viento: es más anodino que esa caricia se la adjudique al viento y no a un fantasma del amor. Un espectro que revive con la ayuda de mi mente y deambula por las ruinas de mi pasado.

Y el sueño me vence.
junio 18, 2013 - 0 comentarios

Résister


Sólo un poco más
mi tonto pedazo de carne latente
que ya no queda más sangre que bombear
para embeber tu inútil y lastimosa existencia
y solamente nos tendremos que reinventar.

Aguanta un poco más
que no hay un universo mas allá que nos condicione
ni nos diga como deberemos vivir cuando no estemos
ninguno de los dos estará agonizando
mas seremos rebeldes donde sea que nos encontremos.

Resiste aunque sea un momento
mi insolente e inútil pedazo de trapo cardíaco
que en la dulce espera del beso de ella
juntos seremos liberados del peso
de todas las cicatrices que nos propiciaron aquellas.

Ahora abrazaremos uno de sus veintiséis sordos silencios
sentiremos el escozor de su cálido espectro en la piel
nos rodeará la oscuridad más plena y hermosa
teniéndonos a nosotros como destinatarios, mi pobre corazón
y tendremos al fin, esa pasión tan tormentosa.

Soporta nada menos que un instante,
mi pequeño despojo de fibra rojiza ebria de sentimientos adversos
que en el corazón de esta noche de invierno
podremos llevarnos más que una revancha
arrancada desde los claustros del mismo infierno.

Resígnate y calla otro tanto más,
que debemos seguir hasta las últimas consecuencias,
efectos y causas de fantasmas del pasado
fuegos extintos por tontas decisiones mal tomadas
¡idiota corazón resultaste tan maltratado!

Aquí viene el tibio beso del ángel gris a buscarnos
mi achacado cuero ventricular resignado a querer morir
¿hasta cuándo podrás resistir sin que te lo pida con clemencia?
parece ser esta tu ultima exhalación, tu ultima contracción
solamente me quedaré sin corazón, bebiendo de la demencia.



junio 06, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (8- Open Door)


Las puertas finalmente se abrieron…
Estaba tan lejos de ser quimera y de ser utopía, que poco a poco sentía como me iba alejando del calor del infierno y del frío del paraíso. Ocasión servil en la que me convertía en mitad humano, mitad maldito y para nada un ángel caído. De aquel lado todo parecía tan fácil, tan simple, tan estupendamente dedicado para mí.
¿Otra nueva y hermosa deidad?
Caminé por aquellos campos Elíseos de placer, sintiéndome tan extraño como maravillado: estaba condicionando mi ser a no sentirme completamente ajeno a ese latrocinante hedonismo. Canibalismo de besos dispuestos a encerrarme en un juego donde el único ganador sería aquel nuevo demonio-ángel, aliado de las dos potencias que pretendían verme caer.
Los cólicos de un viejo amor se sintieron…
No pude hacer otra cosa que caer ante sus encantos… una vez más. ¿Quién podía advertir que no volvería a suceder? No pudo durar la ilusión mucho más de lo que tus cabellos negros evidenciaban, sabía, al finalizar la faena, que un demonio es un demonio solamente si viene con las ansias de matarme, con los ojos abundantes y los cabellos rojos como el fuego que cobija.
Un camino a la inclemente eternidad…
Llevaba el acento de aquella lejana ciudad, una marca en el cuello que parecía evidenciar la pertenencia a alguien, pero nada de eso la apartaba de hacerme sentir con su hablar que aquel lugar era una ciudad del infierno. Cuando las puertas se abrieron no pude hacer nada para evitar que esa espada que blandía, mi corazón, se convirtiera en la vaina de las de esas infames.
mayo 28, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (7 - Curvas asesinas)


Si algo hice mal, lo siento…
Nuevamente traje la peste desde el otro mundo que una vez se perdió por culpa de un imbécil como yo que la trajo, a su vez, de otro viejo y ya extinto mundo. Ahora me tocaba lamentar mi débil conciencia, mi condición patética de ser humano capaz de sentir, aún a sabiendas de la guerra en la que estaba metido. Mi nuevo tesoro, helo allí.
Fuera de toda bendición o maldición…
Siguiendo la inclemente llama que estaba a punto de inflamar sus labios de muñeca invisible a los ojos de Dios o del demonio, me encarné en la profunda bruma de la ceguera. No entendí de sus mentiras, de sus fantasiosas palabras, de sus lujuriosos besos que no me permitían entrar en su cama. Yo, como un imbécil, pensaba que era mía.
De mi actuar no me arrepiento…
Algo se agotaría algún día: quizás sus eternas ganas de pelearme hasta que yo decline en algún bando, o quizás hasta que mi humano corazón se desgastase por la fricción de las interminables pasantes. ¿De qué me hubiese servido suicidarme? Mañana en mi cama como todos los condenados días de mi vida despertaría.
Ni tampoco de esta nueva educación…
Tan perfectos a la hora de enviarme sus mortales armas de curvas envidiables, pero tan poco inocentes al pensar que un humano no aprende de los golpes propiciados. Ellos, batalla tras batalla, me regalaban una nueva cita con el futuro, con la predicción de los hechos y con el infalible manejo de las situaciones que se repitieran.


Continuará…   
mayo 27, 2013 - 0 comentarios

El perro


Siempre creí en lo imposible. Quizá no tanto en lo posible, no en lo eterno, en lo que a los demás sólo les da una satisfacción del tipo personal y “espiritual”. Algo a lo que mucha gente alude como especial y lleno de valor.
Ese perro se había llevado mis ojos, esa visión la había perdido en algún lugar, hasta quizá la pude haber perdido en compañía de una mujer, alguna de esas que jugaban en esta ruleta rusa de deseos. Aquel can custodiaba la puerta de entrada al hogar, cual cerbero que se valía de un solo miembro cefálico y que con sus dos ojos cubría la significativa falta de sus otras cabezas. Sin embargo, ladrón truhán de mi mirada, un casual insubordinado a mis demandas, el animal no llevaba otro nombre que el suyo propio, y al heredarlo no lo bauticé por desprecio y porque en sus pupilas un brillo encendía con pavoroso odio cada vez que mis labios perjuraban un apodo diferente para dirigirme a él, quizá una diatriba, quizá un insulto.
Y, aunque dentro de sus propios problemas caninos de falta de aseo o de encontrar un lugar decente donde echarse, el animal me analizaba como si alguna actitud freaudeana encarnara en él. El perfecto adivino conocía mis pecados, sabía de mis conversaciones y de mis odios, pero (para muchos que no creen) resultaba imposible tener fe que algún día diría algo. Con frecuencia, imaginaba charlar con él.
Lo pensaba infernal: como la tormentosa noche que llegó a mi vida, cuando ella dejó mi templo de lo imposible y se fugó al misterio del más allá, creyendo en un delirium trémens que la muerte es el fin último de toda una vida. Ese perro había dejado de confiar en mí, sus causas naturales lo obligaban a verme como el intruso que invadía su armonioso territorio, otro usurpador que había precipitado la huida de su ama. Tal vez me estaba acechando para, en el momento de dormitar, abalanzarse sobre mi cuello y despedazarlo con sus filosos dientes.
Ambos éramos lo que restaba de ella o de su recuerdo. Y, en parte, mantuvimos el litigio por años. Envejecimos juntos, planeando día y noche entre constantes fracasos la muerte de un por parte del otro. Ambos animales sin razón, ninguno dirimía el designio: serle más fiel a un recuerdo por imposible que ello fuera. Ya casi ninguno dormía por miedo al otro, dos bestias con aparente razón tratando de eliminarse por miedo al latrocinio, al robo de algo tan poco usual como un sentimiento. Y el resto de los días fueron así.
Cerbero, como lo llamaba para desprestigiarlo, murió durmiendo la misma noche en que se conmemoraba un aniversario más de la huida de su dueña. Hasta quizás mi dueñas. El maldito perro se marchó al infierno de cuidar la puerta de entrada, se fue con mis ojos, con mis visiones, mis miedos por morir en su hocico. Se llevó el recuerdo de ella y consigo todo lo que me había quitado con la mirada, la confesión de mis pecados.
Se llevó mi juventud.
Me encontré viejo. Inútil. Con un agujero en medio del pecho por haber desperdiciado mi vida frente a una bestia con menos razón que yo, maldiciéndolo, porque él ganó. Se fue con la gloria (propia) de morir el mismo día en que ella se fue.
Y en la senda de lo que siempre creí imposible, confieso haber perdido la razón por su culpa.
Ya mi purgatorio se repite, pues viejo y poco sabio sé que aquí, en mi soledad, todo seguirá igual. Cuando creí en lo imposible que se podría tornar que yo mismo fuese aquel perro, no me equivocaba. El castigo, calculo ya, es la reencarnación progresiva y dolorosa, ya que como amante no fui buen hombre y como ser fiel no fui buen perro. Ese que había muerto era yo; sin embargo, el peso de los vicios de mi carne permanecerían sobre este maltrecho cuerpo hasta el regreso: donde ella ya no me esperaría.

¿Imposible? Quizás.
mayo 21, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (6 - El guerrero)



Desenvainé otra vez mi corazón...
Solamente me restaba una necrópolis infinita y bien armada. Acaso me preguntaba cuál era el destino, por qué habiendo tantas interminables cosas por hacer de sus vidas esos demonios llegaron a la mía exclusivamente a destruirla con deseos incurables y fuegos inextinguibles. Primero hay que soportar la herida, luego el tiempo logra cerrarla.
Busqué buen escondite para mi espada…
Nada le daría tan buena excusa a cada ataque suyo. El trabajo sucio de ambos bandos ya estaba por cansarme sin demasiadas canciones por susurrarme cada ángel infeliz que sobre mi espada se posaba para cargarlo. Colgaría quizás el cartel de “se vende” y me iría, pero ante tantas calificaciones indebidas me restaba decir: ¿Adónde irme?
Luchando y falto de razón…
Las consecuencias perdidas aún soslayaban toda percepción inútil de un incierto futuro. Todas las certezas que me quedaban por esgrimir en este triste tintero no tenían sino aspecto de equivocaciones mudas. Silencios interminables yacían muertos por el camino al fin de la ruta. Pero quién peor que otro demonio más para saber qué tan vivo estoy.
Se acercaba la hora de la retirada…
Y en el momento más inoportuno del cielo azul teñido de sangre empezarán a caer pedazos de infelices trota mundistas meteoritos apuntando a mi errática, eterna, persona, ente o fortuito trozo de carne con una vida condenada. A toda guerra presenté mi corazón como elemento de batalla. Cada una de estas cicatrices representan una manera distinta de aprender y de ser mejor.

Continuará…   
mayo 15, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (5 - La disputa)



Mi memoria lastimada se ennegrecía…
Solamente rencores de terceras posiciones ante mí. Nunca quise preguntarme por qué después de tener el trabajo de hacerme sufrir, todos los demonios-ángeles decaían, quizás también se sentían infelices y tomaban la forma de mortales personas que volvían y volvían a mi vida. Con esto no digo que no aproveché en devolverles los favores, porque el rencor es humano.
No recuerdo haberle dicho a nadie “adiós”…
Llovían sentimientos, los restos insulsos de mi piel y de mi corazón regaba la faz de la tierra cada cien años. El tiempo, maldita daga que se me hundió en la existencia. Nadie simuló piedad. Pero alguien tuvo algo parecido a piedad, a esa instancia llegaré más adelante. Si yo supiera cuándo alguien se va a ir definitivamente, lo despediría… Pero eso sería tiempo después de odiarlo.
Otro así, seguramente, no existía…
La caída, era sustancialmente eterna, etérea como algunos ojos que quizá docenas de veces vi. Cada beso, una extremaunción, cada mirada era el sacrificio material. ¿De qué me serviría acaso crucificarme contra esa pantomima de alguien que no tenía la más mínima intención de liberarme sino de ponerme al borde de una decisión condenatoria?
A este plato principal lo querían el Diablo y Dios…
Me escapé de mi mismo, pero lamentablemente me encontré. Poco tiempo tardé en delatar a mi ubicación, cuando lo que se venía no era otra cosa que el peor contraataque. El modus operandi era perfecto, casi loable. Otra fortaleza no tendría menos debilidades que este patético ser, tan librado al azar. Preferiría quemarme antes de ver ese sol otra vez.

Continuará…
mayo 14, 2013 - 0 comentarios

Osculamini



Dame un beso,
deja que se convierta esta ocasión
en nuestro Chernobyl de pasión
en esta noche de narices frías
tus manos unidas a las mías
con mi boca en tu suave cuello
olvidaremos todo, todo aquello.

Dame un beso,
que se congele esperándonos el infierno
que se quemen los ángeles en el Averno
haz que no nos afecte ninguna guerra
y se enteren de esto todos en la Tierra
quiero hacer un camino a lo largo de tu piel
estallar extasiado por tus labios sabor a miel.

Dame un beso,
¿qué estás esperando acaso?
¿qué se nos escape el ocaso?
quiero ser la fuente sin arco
dejar de ser tu insulso charco
deseo saber quién fue tan cobarde
de abandonar ese cuerpo que tanto arde.

Dame un beso,
olvidemos por completo que somos nada
dejemos atrás pecados de vidas pasadas
seamos  hoy dos desconocidos cualquiera
buscando por unos instantes quien lo quiera
aunque seas la única demonia en la que me incinere
y aunque, muy a mi pesar, tu mente ni me considere.
mayo 13, 2013 - 0 comentarios

Al partir



Antes que me vaya quiero que sepas algo. O más bien que me digas algo. Quiero saber por qué cierto tipo de personas, como tú, prefieren jugar a tener dos caras distintas, ocultando la más perversa detrás de la más bella y tierna.
Cuando te conocí no pensé que jamás llegaríamos a este extremo de terminar de la peor manera. ¿En qué momento de mi vida te cambiaron? ¿En qué momento dejaste de ser la persona que conocí? ¿Por qué razón estuviste tan empeñada en dejar de ser ese ser maravilloso del que me enamoré para transformarte en ese tan insipiente que cual serpiente de cascabel muda de piel?
Tal vez mi error sea pagado con las lágrimas de sangre que mis ojos lloran ahora, por estos pedazos de carne que me he arrancado, por la razón que he perdido intentando comprender qué fatal error cometí en haberte querido, en haberte dado mi vida... Pero no lo entendí e intenté quedarme a tu lado esperando que cambies y en realidad quien debía cambiar era yo. Tuve que resignarme a pensar que la gente común cambia y otros solamente pasan de blanco a negro. Algunos, en cambio, como yo, confían en que el cambio no es bueno si sumamos algo malo a nuestras vidas.
Espero que aquella persona hermosa que fuiste una vez sea feliz donde sea que se haya ido; sin embargo, yo no lo seré jamás con esta que hoy ha venido a deshonrar mi a**r. Siento que hoy te esté tratando como una extraña, pero no se me permite sufrir por alguien que desconozco. No hay honor en ello. Y la vida continúa hasta que no me dé más el corazón y hasta que te des cuenta algún día, estés donde estés, que a pesar de haber sido una piedra en mi camino, seguí. Y fui feliz, aun después de ti.
mayo 07, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (3 - Rubia debilidad)


Todo ser humano tiene su debilidad...
Era imposible saber cuál de esas musas fue mi musa. El oprobio de comenzar una guerra contra mí sin siquiera saberlo fue tan devastador como los primeros resultados. Ella, quizá la sobrina de una actriz, podría haber sido la hija de Venus, si acaso yo no la hubiese idolatrado tanto. Sin embargo, el primer ángel-demonio me vio así: tan humano y tan frágil ante sus encantos.
Creí que nada podía ponerme en jaque…
Del pretérito al cual me refiero es incalculable e irreprochable, del pecado al que me remito es casi también incontestable e ínfimo. Sentí que sus ojos habían caído sobre este cuerpo de manera tan despectiva como cuando el cielo y el infierno caían sobre mí. Era, al final de cuentas, el sentimiento de gritar el escozor que me propendían sus terribles luceros de serafín.
Ella fue mi primer rubia vulnerabilidad…
Su lanza estaba aquí, atravesando este pecho irreverente. Y como con saña resultaba simpático a sus juegos darle vueltas en mi interior, mientras yo gozaba el veneno de sus punzantes palabras. Aquel cuervo alpino, esa farsa que monté contra mí mismo, todo al fin se volvía contra su creador. Ese no era otro más que yo, el culpable de todos los tiempos.
Y debía ahogarme en el eterno estanque…
Pensé que si me quedaba sería peor, por eso me movilicé hasta olvidarla. Lástima que todos los días la vería al amanecer, lástima que mis detractores notaron esa debilidad y lástima que la volverían a traer ante mí otras veces más. Era sólo un principio, irme no cambiaba nada, porque no me estaba yendo, sólo volvía adónde ellos querían que fuese con mi malhadado ser.

Continuará…
mayo 06, 2013 - 0 comentarios

Un poco de veneno para Romeo


Traté de no seguir jugando con la flama que irradiaban sus carnosos labios de mujer. O de niña. O de un objeto de culto tan secreto y oculto como pudimos haberlo hecho posible.
Traté tan siquiera de dejarme atraer por la juguetona propuesta de su largo cabello negro o su carácter tan poco convencional. No sabía nada de ella, pero un presentimiento matutino me decía que en el fondo de aquella mirada ardía la llama de un fuego jamás extinto y muy atizado.
Yo, por mi parte, ya había dejado de creer en cuentos de hadas o en los Montesco, y me adecuaba al pensamiento sustancial y materialista del resto del mundo. No por generalizar los conceptos, ni tampoco por meter a todo el mundo “en la misma bolsa”, sino por el simple hecho de no tolerar la marcha del mundo y sus vicios de hipocresía.
Juro que no busqué que aquello pasara.
Juro que no recuerdo en qué momento comenzó a gestarse. Sin embargo, puedo jurar que sí tenía ganas de probar del fuego de sus labios, aún siendo eso el peor de los pecados o el más bajo delito. Necesitaba de ese dulce escozor para darle una motivación a mi vida. Para no seguir pensando en el mundo y en su propio cáncer. En su karma. Aunque desconocía si ese fuego iba a poder ser apagado por algo tan banal como mi persona, tampoco inferí en si podría ser apagado o se convertiría en una adicción.
Sin siquiera ser analizado por el Creador, sin que todo esto que estaba acaeciendo tuviera Su aprobación, arruinó mis planes con sólo depositar esa mirada juzgadora que siempre le echa a todas mis empresas. Creo que siempre alude a la misma vieja excusa de que estoy haciendo las cosas mal, y es lo que justamente Él no entiende: me cuida mucho. No comprende que los golpes debo dármelos yo mismo, que sobre mis fracasos debo superarme y que no tiene que cuidarme como si solamente yo fuese su hijo o su creación. Entre hacer las cosas mal y no hacerlas por miedo a fracasar al principio, siempre preferí hacerlas mal antes que ser un fracasado con temor al fracaso.
Quizá su cabello oscuro me remitía a la negrura de mis días pasados. Todos esos días que fui huésped del infierno y hubo una esclava que me servía, llevaba el mismo color de sus ojos y una dulzura muy distante a la que pude encontrar en la Tierra. Aquella esclava del Averno sostenía la beldad de un ángel caído, entonces jugaba con su existencia y traía en su mirada el despiadado velo que no la dejaba ver quién era realmente y en dónde estaba.
Y quizá por eso me rechazó.
A veces me pregunto por qué todas las historias en torno a mí siempre quedan suspendidas en el aire, con un final abierto o sin algún punto final. ¿Se trata acaso de alguna ironía hacia mí, que tengo una particular afinidad por concluir de cualquier manera las historias de mis personajes, ya sean ficticios o inspirados en alguna realidad alternativa? Quizá esta sea esa realidad paralela.
Creo ser otro miembro más de esta dimensión desconocida. O, tal vez, sea otro componente más que le da un sentido a este sinsentido.
abril 30, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (2 - La Caída)



Un rayo contundente cayó ese día...
Yo, quizás un espécimen odiado. El relámpago infame con el que fui iluminado me tatuó por una eternidad, tal vez por tres o más. No resulté incorregible por el hecho de no poseer una naturaleza que me identifique de otro ser. De la luz pasé a las sombras y, desde allí, una directa escala hacia el claroscuro. Cuestión de principios.
El arrojo fue hábil y tan poco democrático…
Malhadado infeliz. Poco a poco supe de mi destierro, pero mejor aún supe de mi rebeldía. Demasiado bueno para ser un demonio y muy malo para jugar de ángel: odiado, así, en el cielo y también en el infierno, despreciado por las fuerzas de ambos bandos, mi cuerpo al nuevo mundo obedeció y se adaptó.
El tiempo del destierro apenas comenzaría…
Yo y mi “tercer moral”. El Bien y el Mal sabían que muy pronto me armaría de elementos para enfrentarlos. No podía atraer acólitos a mi neutral causa. Apenas analizada la amenaza, un Dios y un Diablo preocupados hacen un pacto para mi retorno definitivo a alguno de los dos bandos y un posterior enjuiciamiento. Nada estaba fuera de ellos.
Y un triste destino que ya no sería simpático…
Definir mi tendencia. A este objetivo se arrojarían los híbridos, que son ángeles y demonios: creaciones inclusivas para mi dolor. Y, si quizás yo no fuera humano, me hubiese declarado bondadoso o maligno y sería arrestado, juzgado y castigado. Estos angelicales demonios me acechaban. De su ejército emanaban, y no fui vulnerable hasta conocerla.
abril 25, 2013 - 0 comentarios

El lado oscuro del corazón




El lado oscuro me ha venido a buscar, con su capa negra y sus alas grises. Su carroza opaca me heló la sangre. El genio alado del mal me ha venido a buscar para que dirija sus huestes. "Tus palabras guiarán las espadas de los que cortaran la cabeza de los blancos", me dijo. ¿Qué era más importante que ser jefe? Creo que vacilé demasiado.
Sus fríos dedos se posaron sobre mi hombro, miré la lejanía y los dos bandos: la guerra era próxima. "Nadie del lado de la luz ha venido a ofrecerte lo que te ofrezco yo. Basta de grises. Basta de todo aquello que perdiste por enarbolar la bandera del bien. Es hora de que sepas lo que es realmente ganar". Sabía que me estaba presionando para que eligiera su bando antes que comenzara la batalla final. Pero, en realidad, la batalla comenzaría cuando terminaran de definir su lugar los últimos indecisos. Yo era el último.
El lado oscuro del corazón me ofreció ser el más ostentoso rey, el más rico y deseado por las mujeres. Todo aquello que nunca había tenido. Así que, ¿por eso se me había negado? Todo para ser comprado a último momento. Entendí por qué nadie del lado de la luz se me había acercado a ofrecerme un puesto honorable. Elegí el bando de la luz porque no quiero las migajas de un tétrico sistema que te niega aquello con lo que mañana te querrán comprar. Ser un soldado de la luz representa una mayor recompensa.
abril 23, 2013 - , 0 comentarios

Crónicas Neph (1 - Bienvenido al Infierno)




Un día empecé a morir...
¿Alguien sabrá que nadie puede venderle su alma al Diablo? Yo quizás, porque intenté vendérsela por el brillo de aquel par de ojos traicioneros y esa boca, ese deseo incurable de dolor inconmensurable. ¿Acaso quién es más tonto: el Diablo al comprarte algo que no te pertenece, o vos al comprarle una eternidad de sufrimientos a cambio de algo que no es tuyo?
Ese día me ofreció un tour...
"¿Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto?" El Diablo se ríe de tu mala suerte, que me dejé llevar por todas ellas al inframundo de los desgraciados. Quizá me lo merecía. Había olvidado parte de mi equipaje en la estación anterior, pero traje conmigo a mi tonto, despedazado, furibundo, agonizante, ciego y anestesiado corazón.
Aquel día quise inventar algo...
Dos días en el infierno, casi catorce años de sufrimiento, dos siglos de un hedonismo vano. El dolor, tal vez. Laceraciones viscerales, comiendo de la roída carne promiscua, bebiendo del caliente éxtasis de la locura, sufriendo las erupciones corporales y otros males que el clima resaltaba sobre mi cuerpo.
Y solo pude tenerme por bien afortunado…
Allá estaba yo, pero aquí también, y ahí… allí. No sé, al final, si realmente puedo vivir sin el calor agobiante de ese infierno que me cobijó. Solo sé que no sé nada, nada en concreto. Quizá conozco que aquello por lo que volví es lo que hoy me mantiene vivo, a diferencia de aquello (todo ese grupo malicioso) que me hacía sentir muerto e infelizmente agraciado por eso.

Continuará…
- 0 comentarios

Feliz Día del Libro



Coincidiendo con la celebración del Día del Libro, la Sociedad Española de Neurología (SEN) ha difundido una lista de beneficios que implica para nuestro cerebro el hábito de la lectura. Estos son los principales.

Conexiones neuronales. Según Guillermo García Ribas, Coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN), “la lectura es una de las actividades más beneficiosas para la salud, puesto que se ha demostrado que estimula la actividad cerebral y fortalece las conexiones neuronales”. Un cerebro activo no solo realiza mejor sus funciones, sino que incrementa la rapidez de la respuesta. Mientras leemos, obligamos a nuestro cerebro a pensar, a ordenar ideas, a interrelacionar conceptos, a ejercitar la memoria y a imaginar, lo que permite mejorar nuestra capacidad intelectual estimulando nuestras neuronas.

Reserva cognitiva. Pero además, en los últimos años, han sido muchos los estudios que han relacionado el nivel de lectura y escritura con un aumento de la reserva cognitiva. “Desde el punto de vista de la neurología, el concepto de reserva cognitiva ha cobrado una gran importancia, no solo porque se ha visto que existe una relación directa entre la misma y el buen funcionamiento cognitivo y ejecutivo de nuestro cerebro cuando envejecemos, sino porque se ha demostrado que es un factor protector ante los síntomas clínicos de las enfermedades neurodegenerativas”, asegura García Ribas. “Se ha comprobado que cuanto mayor reserva cognitiva posee un individuo, mayor capacidad tiene su cerebro para compensar el daño cerebral generado por ciertas patologías”. Debido al envejecimiento progresivo de la población, en los próximos años, el número de afectados por demencia, principalmente alzhéimr, crecerá exponencialmente. "Leer retarda y previene la pérdida de la memoria, por lo que permitiría retasar la aparición de estas enfermedades y reducir el número de casos”, concluye Guillermo García-Ribas.

Antiestrés. Leer, sobre todo relatos de ficción, puede ayudar a reducir el nivel de estrés, que es origen o factor de empeoramiento de muchas dolencias neurológicas como cefaleas, epilepsias o trastornos del sueño. Además, leer un poco antes de irnos a dormir, puede ayudar a desarrollar buenas rutinas de higiene de sueño.

abril 21, 2013 - 0 comentarios

Ya no hay más

Ya no hay un desierto delante mio
no hay oasis pasajeros donde recargar aquello que se me quitara mañana
no hay un espejismo que me diga que estas sin estar
cancelo aquello que me hace mal
destierro lo nocivo
entierro lo doloroso
Ya no hay carceles donde encerrarme a mi mismo
no hay guardianes del oprobio
no hay columnas que se derrumban
tu Jerico caera
tu Jerusalem sera tomada
tu Antlantida se hundira
yo seguire mirandote desde aqui
Quizas te ayude
Ya no hay terreno sinuoso
No hay caminos empedrados donde sangrar mis pies
No habra mas heridas que se lleven mi vida
El silencio no me aturdira mas
Las palabras no me volveran a herir
Se ha producido un error en este gadget.

Si te gustó, suscribite por e-mail